EL GUERRERO, EL HOMBRE DE CONOCIMIENTO Y EL PROFESIONAL LIBERAL / Javier Lodeiro Ocampo Apuntes sobre “El cazador” de William Friedkin (The Hunted, 2003)

EL GUERRERO

La función tradicional del guerrero en la organización social es la del mantenimiento del orden; hacia afuera de la sociedad, esta función es protectora, y es en este sentido que la guerra es vista como un medio de defender un orden amenazado o de restablecer un orden perdido. Al comienzo del film de Friedkin vemos a uno de los mejores soldados de élite, Aarón Hallam (Benicio del Toro), que vuelve de una traumática experiencia en los Balcanes sumido en el caos espiritual. Al momento de ser condecorado por sus servicios en Kosovo, Aarón parece haber entendido que ser un soldado es un trabajo pero ser un guerrero es una función, y que él, como guerrero, ha perdido de vista el significado de su función (o ha descubierto que nunca supo cuál era). Medalla en mano, el jefe de Hallam define su desempeño como “la piedra sobre la que la paz y la democracia se levantan” y provoca con ello la sonrisa socarrona de sus compañeros. Creemos ver que esta actitud es compartida por Aarón y que confirma el descubrimiento de que algo no anda bien con ese edificio del cual él debería ser nada menos que el soporte. Parafraseando el conocido hadith diríamos que Aarón, tras haber librado la pequeña guerra santa en el campo de batalla se dispone a librar la gran guerra santa en su interior, y que si el objetivo de ambas es el restablecimiento del orden o la armonía (es decir, la unidad; una en el plano social, la otra en el espiritual), el resultado de la primera, para él, parece prefigurar la catástrofe de la segunda.
Su descenso al bosque confirma esta derrota. Aarón huye a esas soledades en busca de una vida que le permita recuperar el sentido de reverencia hacia la creación (recuperar la presencia de lo sagrado), pero lejos de devolverle la unidad el entorno primigenio lo convierte en un justiciero que disfruta morbosamente cada venganza cobrada entre los ocasionales invasores que descienden a su bosque desde aquel otro mundo ya reconocido como su opuesto. Esta caída es el resultado de haber perdido el sentido de su función como guerrero, en principio, pero se consuma por no haber logrado encontrar a quien él cree que tiene el poder de restituir o revelar ese sentido.

LA BUSQUEDA DEL PADRE

¿Y quién estará calificado para restituir ese sentido? Un superior. El superior del guerrero es tradicionalmente el hombre de conocimiento, porque su gran saber comprende el pequeño saber del guerrero, aunque sea en forma eminente. Por eso Aarón, ya en caída libre, intenta repetidamente contactar a la persona de la cual aprendió todo lo que sabe, esa persona que para él reviste el carácter de padre en tanto dador de la ley. Pero esta persona es LT (interpretado por Tommy Lee Jones), y LT, lejos de ser quien Aarón con buen criterio espera que sea, es un moderno hecho y derecho que no reconoce nada trascendente como fundamento de su hacer (ni como fundamento de ninguna otra cosa). LT no es más que un profesional liberal en cumplimiento de un contrato; es decir, es una especie de Don Juan “trucho”, y para colmo sentimental.
Con la aparición de LT se completa el par que dialogará vertiginosamente de ahí en más hasta el desenlace del film; diálogo siempre preciso, filoso y rústico (tanto cuando se vale de palabras como cuando se vale de cuchillos).

EL SACRIFICIO DEL HIJO

Los versos de Dylan con los que abre la película (“God said to Abraham kill me a son”, etc.) predisponen a identificar esta relación entre ambos personajes con la del conocido mitologema bíblico, pero tienen un peso en relación a la historia que se narra a continuación que lamentablemente no parece justificarse. El ejemplo de Abraham e Isaac es vuelto a citar cuando vemos la Biblia de Hallam y al final, cuando la voz en off de Cash recita otra vez a Dylan. Pero ¿en qué medida son asimilables LT a Abraham y Aarón Hallam a Isaac? Como Abraham, LT debe matar a su “hijo”; sin embargo, esta semejanza parece demasiado superficial. Más importante es el hecho de que Isaac era nada menos que el regalo de Dios a Abraham, mientras que Hallam no parece ser o representar ningún don especial para LT. Abraham decide matar a su hijo por no apartarse de la voluntad de Dios, voluntad que acata aunque le resulte incomprensible, y es esta fe de Abraham precisamente lo esencial del sacrificio. LT, mientras tanto, mata a Hallam meramente en defensa propia. Los versos introductorios de Dylan hablan de un Abraham que cuestiona el mandato divino. ¿LT hace lo mismo? No; no es él el encargado de asesinar a Aarón sino los mismos militares (esos que ahora Aarón ya no puede ver como pares, es decir guerreros, sino como robots). A lo sumo puede sobreentenderse que LT sabe que Aarón debe morir y sin embargo se niega a ser él quien cumpla la sentencia; al fin y al cabo, ese es el trabajo de otros.

Estas correspondencias o simetrías inacabadas, sin embargo, no ocultan el hecho de que LT, como parece el caso del Abraham dylaniano, es un personaje en esencia vacío y superficial. Diríamos que más bien lo resaltan y lo hacen extensivo a ese modo de ver el mundo del cual él es el representante más elevado, porque queda en evidencia que su autoridad se basa en un saber que no tiene origen ni vínculo alguno con nada que proceda de un orden realmente superior.

Dejá un comentario