NOTAS SOBRE PENSAMIENTO CONSERVADOR Y CONSERVACION I / Fernando A. Regueira (Fragmentos de mi diario)

El problema central de la vida humana es la existencia del Tiempo y el dolor que conlleva tal situación.
La Muerte si, pero también el desgaste de todas las cosas existentes: el cuerpo propio, el cuerpo del ser amado, la salud de los padres y amigos, la amistad misma, la fisonomía de los rostros, el ímpetu de vivir, la solidez de las asociaciones y de los objetos físicos que nos rodean, las pérdidas de todo tipo, etc.
La res pública, la política es un campo más que destacado para tal desgaste: los gobiernos se suceden, las fortunas políticas se agotan o dilapidan, los tiempos elevan y hunden de continuo a los actores políticos. Creo comprender la necesidad antigua (en parte basada en una necesidad perenne del hombre) de poner las bases del Gobierno lo más lejos posible del discurrir desgastante del Tiempo.
No me refiero solamente a un fenómeno tan vasto y serio como el de la fuente divina de la legitimidad o el origen divino de las instituciones políticas. Desciendo unos escalones y comprendo la necesidad de la solidez temporal de un gobierno: un Rey gobierna hasta su muerte, lo mismo hace un Sumo Pontífice. No hay mecanismo legítimo que pueda derrocarlo. No hay renovación periódica de funciones (sino rituales de renovación cósmica, del todo diversos). La permanencia prolongada de un hombre en el poder es signo de estabilidad y es también, y aquí llego al centro de lo que intento decir, un poderoso antídoto contra la acción del Tiempo, es un escudo que protege contra la desintegración inmanente a la acción del Tiempo que es siempre destructora.
Nuestra era moderna es la inversión, también en este terreno, de los principios antiguos: el Poder absoluto, la monarquía o como quiera llamarse a esa antigua sabiduría. La democracia satisface la razón mas no el corazón del hombre. Lo abandona al cálculo de los beneficios, a menudo ciertos y hasta concretos, pero no le aporta la necesaria protección contra el Tiempo, el enemigo imposible de esquivar, el más poderoso, el más odiado.
Un gobernante benigno o no demasiado cruel en su accionar es soportable por largos períodos porque su misma permanencia nos ofrece una prueba palpable de que el Tiempo puede ser vencido, aún en el territorio cambiante por excelencia que es lo político. Es este, según creo, el principio fundamental del espíritu conservador, que es el más acendrado en el ser humano.

28 de diciembre de 2001

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La caída de lo que llamamos “arte clásico” en Occidente, se dio claramente en el interior del hombre occidental antes que en el mundo de las formas y su propia dinámica. Periódicamente regresa la nostalgia por él, por lo que de mejor de nosotros reconocemos en él. Tenemos un espejo roto entre las manos y vagamos buscando el adhesivo que lo pueda volver a unir. Nos abismamos mirando nuestra imagen que se refleja en cada fragmento, aún de vez en cuando sangra nuestro dedo al tocar inadvertidamente su filo. Estamos vivos pero no tenemos a donde ir. Estas reflexiones vienen con la sangre.

5 de junio de 2007

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Lo político soterrado en la obra de arte.
Cuanto hay en esta actitud (en gran medida vanguardista o en todo caso unida muy habitualmente a tal postura) de consuelo político al suponer que unir, por ejemplo, una sonata de Liszt con un texto contemporáneo de Marx, se está operando real y efectivamente en la política.
El consuelo del artista: subirse a un escenario y hacer soterradas referencias a la revolución. Una distracción para burgueses. Sería mejor para un artista del escenario, confesar sus verdaderos intereses, esto es, convocar público y poder ejercer su oficio, no “decir verdades” (las más de las veces, algo tan vago y basto como las propias opiniones del artista).
6 de abril de 2001

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