“MI NOMBRE ES LEGION” / Angel Faretta Ensayo de interpretación

Hemos ya descrito y analizado el motivo del alter mundus en diversos modos de relatos, tanto de cine como literarios, aún pictóricos y de ópera.
Es claro que ya tenemos el alter mundus perfectamente puesto en escena en el o en uno de los meta relatos señeros de la cultura occidental: el Evangelio.
Emplearemos el mismo locus evangélico que analizara Jean Starobinsky en un ensayo publicado en su libro “Trois fureurs” (1).  Partimos, en el sentido de punto de partida así como de incitación a nuestra propia lectura, haciendo hincapié en todo aquello en lo cual concordamos, cuanto en lo que no. Así como sumamos temas, elementos y motivos simbólicos no tenidos en cuenta por este autor.

En Marcos (5, 1-20) (2)  tenemos el episodio de la expulsión de los demonios del cuerpo del habitante de Gerasa y en donde aparece el locus classicus de “mi nombre es legión”. “Leguion onoma moi” (Mr. 5, 9)
Esto se narra en dos capítulos, IV y V que forman a su vez dos perícopas. Micro relatos completos o episodios dentro de la economía total y general del Evangelio. “Cortes” dentro del evangelio que dan una situación completa: “Bodas de Caná”, “Perdón de la Adúltera”, “Expulsión de los mercaderes del  templo”, el al.
Veamos:

IV
“Ese día al atardecer les dice: ‘Pasemos a la otra orilla’ despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba, e iban otras barcas con él.
“En esto se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca.
“Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal.  Le despiertan y le dicen: ‘Maestro ¿no te importa que perezcamos?’
“Él, habiéndose despertado, increpó al viento y le dijo al mar: ‘¡Calla, enmudece!’. El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Y les dijo: ‘¿por qué estáis con tanto miedo?’ ¿Cómo no tenéis fe?’ ellos se llenaron de gran temor y se decía unos a otros: ‘Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?’

V
“Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos. Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre noche y día, anda entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con gran voz: ‘¿Qué tengo yo contigo Jesús, hijo de Dios Altísimo?  Te conjuro por Dios que no me atormentes’ es que Él le había dicho ‘Espíritu inmundo sal de este hombre’ y le preguntó ‘¿Cuál es tu nombre?’ le contesta: ‘Mi nombre es Legión, porque somos muchos’ y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de región. Había allí una gran piara de cerdos que pacían al pie del monte; y le suplicaron ‘Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos’ Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los cerdos y la piara –unos dos mil- se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar. Los porquerizos huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor.
“Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los cerdos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término. Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía quedarse con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: ‘Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que tenido compasión de ti.’ Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados”.

Como se sabe ésta es una de las dos intervenciones de Jesús fuera del orbe judío. Una es el conocido locus del buen samaritano y luego ésta otra, la conocida como la curación del geraseno. Claro que aquí tenemos que el otro-no-judío es alguien poseído, doble, digamos fuera de sí; tanto que vive en los sepulcros, lugar impuro y limes por excelencia. Es para simbolizar que se trata de un muerto en vida, alguien que también adelanta el clímax de la resurrección –la nueva vida- “de entre los muertos”.
Está fuera de sí, “muerto en vida”, lo está tanto somática, etiológica como simbólicamente. Puesto que el Evangelio se asienta en su parte estilística en ese oscilar y vaivén entre el soma y el pneuma. Entre cuerpo y espíritu. Pero el cuerpo, lo corporal está siempre presente; actuante; no se lo deja descansar ni se lo pone de costado. A lo sumo ciertas necesidades fisiológicas están puestas fuera de campo, a la manera de la representación trágica griega que ponía fuera de escena obs-cena ciertas derivas corporales.

Pero todo el episodio terreno en Gerasa (V) es precedido por un capítulo marítimo y de navegación (IV). Es decir, se menciona previamente el trayecto, el viaje, para que en el capítulo siguiente -y terreno- se reduplique el sentido de estar en un mundo-otro, en un alter mundus que –como veremos- no solo tiene y contiene lo demoníaco, lo muerto, lo demente y feraz, sino también lo hostil de sus habitantes para con Jesús.
Pero en el capítulo IV, marítimo y de viaje, la alteridad ya se anuncia mediante; primero: situación de un Jesús dormido en medio de la tempestad; segundo: los mismos elementos de tormenta, viento y olas que invaden la barca en que viaja Jesús con –se verá de inmediato- no sólo temerosos neófitos, sino con aquellos que todavía desconocen su misión o -en todo caso-, la toman por una más; la de un mero rabí o gurú; un maestro terreno. Que sin embargo los sorprende porque preguntan quién es “éste que le obedecen el viento y las olas”. Que le obedecen de consuno lo alto y lo bajo. Trazando así el primer eje vertical de este relato…
Tenemos que también aquí, en la nave, con todo el abigarrado despliegue simbólico que tal soporte material sostiene, se divide en dos. Una parte –el resto de los tripulantes- que desconoce y se asombra, con esa parte de temor que hay en todo asombro, no natural; y por el otro la doble naturaleza de Jesús.  Una doble naturaleza que se hace manifiesta en la barca, simétrica a la perícopa de Jesús visto caminar sobre las aguas por sus discípulos-pescadores que están aquí sobre la barca…
Tenemos que el alter mundus, el allende se muestra y manifiesta ya en este aquende de la barca que –como sabemos- será luego imagen simbólica per se de la Iglesia en su periplo histórico-terreno. Así como la barca sin pescador será la nave de los necios. Nuevamente dos significados llevados por el mismo soporte material.
Todo es doble aquí, incluso ambas perícopas  mantienen como bajo continuo estilístico la repetición doble de ciertos términos. Barca/barcas, luego barca/barca, viento/viento, viento-mar, que se enlaza casi a la manera de un encabalgamiento con el primer versículo del capítulo V “Y llegaron al otro lado del mar”
Luego tenemos el par sepulcros/sepulcros; luego el par “grillos y cadenas”. “Puercos”, “piara”, vuelve otra vez “mar”, “temor” –ahora el de los gerasenos que contemplan el resultado del exorcismo y antes el “temor” de los que acompañaban a Jesús en la barca al verlo dominar viento y mar.
“Legión/legión”, de nuevo “barca” (ahora cuando Jesús se embarca de regreso y antes la hostilidad de los gerasenos, salvo el anteriormente poseso que insiste en abordarla detrás de su salvador.
En este doble percutir de palabras de la escritura, en esta progresión anafórica y que da un tempo particular a ambas perícopas, se tiene un viaje y un ingreso a una otredad; a lo que hemos llamado alter mundus.
Todo el relato evangélico podría verse de este modo…Como un ingreso o promesa –un fuera de campo- de la otra vida, la eterna. Pero en estas perícopas encadenadas por un sentido central, tenemos que el alter mundus se presenta como lo que luego se conocerá y se llamará como “fantástico”. Atención, se llamará así o se cautelará bajo ese marbete para seguir ofreciendo esa promesa o esperanza bajo los recaudos de cierta forma o modo de presentación acorde a las circunstancias temporales. O como hemos argumentado en otro lugar “El arte y relato fantásticos, literarios o de cine, es la continuación por otros medios de la teología y la metafísica tradicionales.”

Aquí tenemos una incursión en el alter mundus no solo señalada por “momentos” como el viaje, la tempestad, las olas que invaden la quilla (otro locus ya clásico), la manifestación carismática y luego kerigmática, sino por una topología de espacios relacionados con la otredad y lo diferente. La otra orilla (“to peran”), sepulcros, furor demente, aislamiento, posesión, espíritus inmundos cuyo nombre es “Legión”; cerdos/piara que son “ocupados” por esa misma legión acabada de exorcizar del cuerpo del geraseno.
Luego, hostilidad hacia el desconocido-recién llegado al que se le dice que se “alejara de su término”. Este término, limes y marca es la del dios romano límite que marcaba la frontera vecinal entre dos moradas levantadas una junto a la otra. Debía existir entre ambas un espacio del tamaño aproximado de una zanja o acequia contemporáneas, para que allí morara la deidad “Límite”. Espacio al mismo tiempo común a ambas moradas y de consuno un lugar ajeno para ambas.
Gerasa -la actual Jerash de Jordania- pertenecía entonces a la zona conocida como Decápolis, “diez ciudades”. Todas ellas civis romanas que tiempo después Adriano dotó -como a la que nos ocupa- de templos y de un magnífico hipódromo. Es decir, que al cruzar el Mar de Galilea pasamos de una zona agraria, no muy “ocupada” por el romano que siempre –el propio Adriano es un ejemplo- tomó a las provincias de Judea y Galilea como “ajenas”, hostiles y extrañas.
Aquí por lo tanto estamos todavía más lejos en relación a la perícopa del buen samaritano. El allende evangélico de Gedasa es un alterissimus mundus. Algo más que lejano y un allende extremo, el más extremo -que recuerde- donde se sitúa un relato de los evangelistas. Es una gran ciudad, una cosmópolis romana dotada de lujos y refinamientos, pero de la cual sólo atisbaremos su periferia, puerto interior, sepulcro, extramuros.
No estamos en el mundo de pescadores arcaicos del otro lado del mar de Galilea, ni en el de los propios carpinteros; gremio al que el propio padre terreno de Jesús y él mismo pertenecieran. Estamos en el mundo exterior, en el limes y marca de una Urbs romana. El mismo poseso es posiblemente un romano o un nativo palestino helenizado y romanizado –como muchos de los propios evangelistas, posiblemente Marcos; con toda seguridad Lucas; médico griego además.
No se está en el alter mundus de un hermano-enemigo, como en el samaritano, sino en un mundo totalmente otro. Un mundo romano perteneciente a un grupo de diez (deca) polis (ciudades); un lugar doble por cierto también: romano por dominación y griego por denominación. Por cierto aquí se “comprende” el uso de los gerosianos, de límite, para marcar ese “límite” de este allende del epos evangélico al volverlo el aquende de los no despiertos.
Así el endemoniado exorcizado por Jesús es el personaje nexo, el feros y portador de este puente tendido entre dos mundos. El que pontificará, el que unirá ambos mundos.

La piara
Los cerdos son una señal narrativa plena y perfecta para marcar el alter mundus en relación al aquende judío. Animal prohibido por antonomasia, símbolo o mejor signo de lo impuro, aquí  (¡o allí!) del otro lado es algo natural, de allí la piara que simetriza con legión. Este término por cierto -y como bien dice Starobinski- es término bélico y militar por excelencia; como lo que se opone y se enfrenta en combate con Jesús. Pero este legión de nombre es también lo múltiple en tanto difuso, cambiante; lo polimorfo, lo que puede ser o parecer de muchas maneras, puesto que el demonio es hábil imitador o más bien befador.  Y como bien lo pusiera en escena el film de William Friedkin “El exorcista”.
El paso del singular -“mi nombre”- al plural inmediato –“porque somos muchos”- abre la clave de esta inflacionaria y caótica posibilidad. “Legión” por el posibilismo y lo difuso, lo laxo y cambiante. Lo que será “el hombre de la multitud” de Poe y la “modernité” de su confeso discípulo Baudelaire.

Primera oposición cruce
Pasamos de una orilla a otra del mar de Galilea. En la primer perícopa estamos en una barca en cruzando el mar y en medio de una tormenta. Luego pasamos a la otra orilla, a lo terreno y hasta a lo infraterreno, como son los sepulcros. Cerca de estos una piara y un porquerizo, es decir estamos en los extramuros de Gerasa. No es que pasamos -como dice Starobinski- a un mundo más primitivo y feraz, sino más bien al borde o límite, al extramuros de una ciudad romana, al borde y periferia de una fastuosa cosmópolis romana, una de la diez que formaban la Decápolis. Aquí se da la simetría. Se pasa a un doble alter mundus. En el de una Urbs romana llamada Gerasa, con su carácter de cosmópolis, pero –dentro de ella- se alcanzan los bordes, límites extramuros. No se va más allá.
Ahora bien se elige -si hay elección aquí y no solo transmisión- ese borde y limes del alter mundus y no su centrum por razones de puesta en relato ¿o por algo más?
A ver. Estamos en los extramuros y periferia de una Urbs porque solo allí pueden estar dos cosas: el cementerio y el puerto para que la barca en la que llega Jesús pueda atracar allí y desembarcar luego. Pero esto se presta a que también ese borde y límite de Gerasa se ha une o se aproxima al propio borde de lo que representa Jesús, quien por otro lado bordea con su enseñanza la ortodoxia (centro) del judaísmo.
En todo epos que se precie –operístico, dramático, novelístico o fílmico- la elección del topos material o geográfico se da o debe darse de consuno a su elección como topos simbólico.

La tormenta
Este es uno de los elementos melodramáticos por excelencia según lo expresado por nosotros en “La pasión manda”. La fisis (3) parece dar voz a un pathos tan excelso y excesivo que deja mudos a todos aquellos que padecen ese exceso pasional. Claro que aquí se tiene un motivo diferencial absoluto que vuelve una vez más al epos evangélico como relato-typo de todos los relatos que le siguen. El propio feros del relato-perícopa es quien aquieta por su poder y carisma a los vientos y a las olas embravecidas. Es decir, aquí la fisis como correlato de la representación melodramática epónima, es dominada, echada a callar por el héroe de relato que la devuelve a su mudez originaria y a una mudez complementaria a los alazones o figuras corales y a tales extensiones apendiculares que dan “voz” a semejantes pasiones.

Un mar que es un lago
El mar de Galilea es en rigor un lago de agua dulce. Marcos emplea “thalasaen” todas las veces de su relato. No “pélagos”, mar profundo, sino “thalasaen”. Sabido el “¡Thalasa, Thalasa!” de la “Anábasis”, es posible que Marcos, griego o judío helenizado haya tenido presente el locus classicus para toda fuente de agua de cierta envergadura. Pero también para reflejar modo sui el ámbito clásico de representación de tópica poética más que descripción geográfica.
No es Pausanias sino Jenofonte quien aquí aparece para marcar al ámbito de cruce.
El cruce debe ser accidentado puesto que se trata de iteración iniciática o paso de pruebas sucesivas. Buena parte del evangelio está redactado o dictado de tal modo. Como sucesivas capas de mayor a menor. Es como si narrara a la manera del cine cuando se pasa de una panorámica a un plano medio y luego mediante rítmicos inserts de primeros planos Un poco también a la manera del estilo del ruso Gógol y tal cual fuera estudiado por Nabokov (4). No es casual que perícopa derive de “pericopé”, literalmente “corte”.

El mar, la orilla, el interior del bote, las sucesivas irrupciones de tormentas y olas encrespadas; éstas que invaden la quilla. Jesús durmiendo pero –se marca- en un cabezal (viñeta o primer plano) De nuevo plano general.

Gerasa
La otra orilla o lado del mar. De “entre los sepulcros (general) “vino a su encuentro” (medio)” un hombre con espíritu inmundo” (primer plano) “que moraba en los sepulcros” (simetría-plano general), etc.
Al ver a Jesús se postra y se dirige a él. Nuevamente plano medio y primer plano. Nótese -para no abundar en lo que ya debería ser evidente- el paso de la toma panorámica a la media y de ésta al plano detalle. Hay un ritmo de relato pautado de ese modo: general-composición de lugar; personas o actores que participan del locus-perícopa; y marca o detalle. Estos pueden ser: “espíritu inmundo que habla desde el interior”; “grillos y cadenas”; quizás también “el porquerizo”.
Este plano detalle puede ser el cáliz y el pan de la Última Cena; la sangre que mana del costado en la Crucifixión. Las vasijas con el vino, en Caná. La escritura en el suelo y que luego Jesús borra con su mano, en el locus de la adúltera.

Interpretaciones sobre el espíritu inmundo
El “espíritu inmundo” que invade, que posee al geraseno era de carácter sexual, de lascivia y concupiscencia para Jansenio y para su seguidor más extremo Pasquier Quesnel. Acota Starobinski, en un pasaje no muy claro   que“Trátase esta vez  no de la totalidad del mundo sino de la totalidad del alma”
Para nosotros lo dicho por aquellos autores delata la ya temprana acuñación, más bien cristalización del concepto de puritanismo, que es la de insistir o poner el subrayado en una parte olvidándose del todo. El puritanismo sería así una metáfora cerrada, petrificada, otro nombre para la alegoría y lo alegórico. Mientras que el evangelio está escrito o dictado básicamente en forma simbólica.
Que la predicación homilética, incluso ya también la católica, caiga o se detenga también en la interpretación alegórica, es decir la de abstracciones personificadas o la de moralidades designadas mediante caracteres fijos y sin espesor, se debe a la pérdida de la tradición hermenéutica -cuanto al propio oficio de hermeneuta- que es simbólica o no es nada.
No es en lo histórico-político o en las mores del cotidie donde debe buscarse el casus belli polémico de las transformaciones del hacer católico, sino en este rebajamiento de lo simbólico y en la degradación de la hermenéutica correspondiente en digestos de moralidad ilustrada con máscaras y signos fijos.
Jansenio o Quesnel al decir “concupiscencia”, por ejemplo, para catalogar y reducir de paso al espíritu inmundo que posee al geraseno, no hacen otra cosa que reducir a lo subjetivo y particular lo universal-objetivo.

Carisma y kerigma
Carisma es la irradiación, el aura, la cualidad digamos terrena o dentro del ciclo y trayectoria histórica de la predicación de Jesús. Kerigma es mensaje anuncio; no un anuncio cualquiera sino uno definitivo; una proclamación; cesa el tiempo con el kerigma. Desde luego éste es de señalación simbólica vertical, mientras que el carisma, la irradiación personal, particular, el aura o aire que envuelve a determinada persona es de señalación simbólica horizontal.
A Jesús corresponde el carisma y a Jesús-Cristo este carisma sumado inseparablemente al kerigma, es decir lo horizontal y vertical de la cruz.
Carisma es lo terreno, la predicación, la cura, incluso hasta la santidad. Kerigma es el fin de los tiempos, siquiera en un punto del saber donde se sabe que todo ya ha terminado
¿Qué es lo que ha terminado, dejado atrás, incluso? Los tiempos viejos, “el dios Pan  ha muerto”. La totalidad (“pan”) de la multiplicidad de los dioses mitológicos ha sido dejada atrás, por el carácter kerigmático de Jesucristo.
Aquí en el episodio del geraseno tenemos el momento o los momentos carismáticos perfectamente diferenciados de los kerigmáticos.  Es el carisma el que aquieta las olas y el viento en el trayecto marítimo, así como ese mismo carácter carismático es el que manda, ordena la expulsión de “Legión” ¿y su posterior ingreso en los cerdos que componen la piara?
Pero es el kerigma el que indica al geraseno que vaya y diga (predique) lo que ha pasado a los suyos (propios).También pertenecen al orden kerigmático todas las, digamos, previsiones, que se cumplen en doble circulación en el epos evangélico. Por una parte, el cumplimiento de lo anunciado en el Antiguo Testamento, alguno de cuyos loci o sintagmas se oyen a veces en forma literal y a veces en forma de glosa en las perícopas del Nuevo Testamento.
Pero también y en sentido futurible el anuncio o mejor el preanuncio del clímax evangélico, muerte y resurrección de Jesús ya Jesucristo.
Esta doble nomenclatura del feros, del héroe del Evangelio es pocas veces tenida en cuenta, pero es cifra, sostiene la doble signatura de todo el relato, así como también de todos los relatos anteriores y posteriores al mismo. Puesto que el dos, el doble, lo dúplice es la clave de obra de todo relato. De lo narrativo. Ya que en toda narración el mismo yo se separa, se vuelve altero, alteridad, incluso se altera muchas veces al escindirse entre su yo hasta ese momento anónimo, común, “de todos”, y ese otro que se refracta, se divide y proyecta al relatar (oral o en forma escrita) algo que solo él, o ese otro él conoce y pasa a recomponer y poner en escena su solo-saber.
Dejamos como interrogante si la entrada de “Legión” en los cerdos de la piara (“dos mil”, se nos dice con ambigua precisión no aritmética) así como su posterior arrojarse desde lo alto hacia al mar, pertenece al orden carismático de Jesús. Veamos. “legión” pide/n ser llevados del cuerpo del poseso al de los cerdos de la piara, pero luego ésta se arroja de cabeza, digamos, desde el borde terreno hacia el mar.
Como bien ha visto Starobinski tenemos aquí lo vertical en oposición/complementariedad con la llegada de Jesús en la barca cruzando el mar de Galilea que es lo horizontal. Claro que también la primera parte de la expulsión de “legión” es producto del carisma, pero el precipitarse de la piara ahora poseída de los espíritus inmundos hacia al mar, es debido al kerigma. Esto segundo, debe pasar una vez que el carisma ha ordenado la expulsión primera.
El carisma impone, es momentáneo, pertenece al orden de lo histórico y su irradiación es corporal; aunque se trata de una corporalidad excepcional, única desde su propia concepción; desciende, es decir se encarna exactamente en la corporalidad común. Pero el/su kerigma es único, vertical, trascendente.  Y aquí este término se hace visible, palpable; es aquello que participa ocasional, temporalmente de lo histórico mediante su carisma, su irradiación. Pero que ya está, existe, en forma y modo permanentes en el allende.
Su aquende es el carisma y su allende el kerigma.

El geraseno es la parte por el todo. Podría llamárselo aquí como el personaje sinecdótico, mientras que los demás –los corales- podrían llamarse anecdóticos. La multitud de Gerasa que pide/teme a Jesús que salga de su territorio o límite. Como tal personaje sinecdótico, el geraseno representará como parte la totalidad futura, es decir la catolicidad, el carácter universal de la predicación –kerigma- de Jesús ya Cristo. Es el carisma sin embargo el que ordena aquí que al geraseno que… “Espíritu inmundo sal de este hombre” (Exelze tó pneuma tó ajázarton ej tou anzropou” (5)
Fijémonos que si es acertada nuestra lectura, el “legión” anterior compuesto de espíritus inmundos y diabólicos, se vuelve -tras el exorcismo- “legión”, pero como emblema de la multitud, de la catolicidad y universalidad del kerigma de Jesucristo.
Sabido es del carácter invertido, perverso, de las manifestaciones diabólicas con relación a las divinas. Así la levitación, el don de lenguas, los mismos estigmas crísticos impresos en el cuerpo humano, son befas, parodias, apariciones invertidas en el cuerpo del poseído. Puesto que el diablo es el mono de Dios y que por eso imita simiescamente (“singer” 6 ) las manifestaciones de lo divino. Podría decirse también que lo diabólico es la inversión de la capacidad carismática. Por ello mismo es que aquí puede verse que la cualidad de “legión” es, aparece primero como parodia y como inversión carismática, pero tras la expulsión y el exorcismo aquella se vuelve signo de la inminente universalidad del kerigma cristiano.
La legión y el “somos muchos”, una vez purificado-exorcizado, arrojado el abismo (“gehena”) se vuelve emblema de la multiplicidad y ecuminicidad católicas.

Notas:
1: 1974. Ed. Gallimard.
2: también en San Lucas, 8, 26-39
3: como habíamos ya anunciado en otros lugares, es hora de transliterar del griego empleando fonemas castellanos y no derivados del inglés, lo cual es doblemente absurdo así diremos  (Φ φ) “fisis” y no “phisis”.
4: “Estudios sobre literatura rusa”.
5: pruebo aquí reemplazar la transliteración de la letra griega (Θ θ)  por z y no por th.
6: de “singe”, simio. Puesto que el demonio es el simio de Dios.

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