UNA MUJER DEL RENACIMIENTO / Melina Cherro

(Maestro y Neófita observan por primera vez “El nacimiento de Venus” de Botticelli. Andan caminado por Florencia, cerca del 1485).

NEÓFITA: ¿Quién es ésa? Que bella mujer, pero ¿por qué está saliendo de una concha marina? ¿Y ese pelo tan largo? La otra la quiere vestir rápido…
MAESTRO: ¿Será que está envidiosa de su belleza? Me intrigan los dos personajes alados, una pareja… Este Botticelli, otra vez pintando una alegoría.
NEÓFITA: ¿Una alegoría? No entiendo.
MAESTRO: Querida, estamos en un momento ejemplar para la historia del arte y del mundo. Lo que dentro de unos 300 años llamarán “Renacimiento”.
NEÓFITA: ¿”Renacimiento”?
MAESTRO: Sí, no nos queda otra que llamarlo así. Estamos habituados a ver en los cuadros recreaciones de temas religiosos, para ser más precisos, escenas de la Biblia. Relatos que para nosotros los “espectadores” son conocidos.
NEÓFITA: Por ejemplo las escenas de la vida de Jesús.

MAESTRO: Exactamente. La expectación de un cuadro nos permite volver a pasar por esa escena, por ese relato conocido, volver a vivirla disfrutando además de los colores, la plasticidad, la forma. El cuadro es una forma de relato simbólico. Podemos encontrar una segunda historia en ese cuadro. Identificado la escena que pertenece a un conocimiento previo -sagrado, a nuestra fe-, podemos encontrar una segunda historia que está ligada a esa mirada sobre el mundo que tiene el autor que ha pintado el cuadro. Esa mirada se proyecta en nosotros contagiándonos, de alguna manera, esa forma de mirar el mundo.
Esa escena tan conocida por todos, si el cuadro es bueno claro está, se nos convierte en otra cosa. Recordemos que lo mitopoético siempre tiene un correlato político y social.
Ahora bien, pensemos. ¿Qué historia nos están contando aquí?
NEÓFITA: No tengo idea. Toda la escena es muy bella, los colores, los trazos, los cuerpos. Si supiera quién es esa chica, tal vez hasta podría conmoverme.
MAESTRO: Exacto.  Al desconocer la primera historia, podemos entender cuestiones de la técnica que ha usado el artista, lo podemos entender desde lo racional, no desde lo afectivo-emocional. Lo que sucede en el cuadro se nos presenta como un acertijo que no podemos descifrar. Estamos ante la creación de una alegoría.
NEÓFITA: Ah… creo que voy entendiendo. Una representación pictórica que, al resultarnos desconocido su tema, lejos de construir un universo simbólico, nos impone una estructura y nos deja presos de algo a lo que intentamos dar un sentido.  Pero… ¿hay alguna manera de saber quién es esa chica?
MAESTRO: Bueno, tenemos que intentar entender a nuestros artistas. Estamos en Florencia, Italia. Caminando por sus calles, visitando nuestras iglesias y mirando estas obras de arte que explotan por todos lados. Los Medici con sus políticas dan forma a esta época.  Estamos sin duda asistiendo a un momento fundamental de la historia del arte y de la humanidad. Evidentemente hay un universo nuevo que se está abriendo. Pronto descubriremos un nuevo continente y sabremos que las Antípodas no son de fuego, que son habitables y que hay vida humana allí.
NEÓFITA: ¿De verdad? ¿No hay fuego en las Antípodas? ¿Cuándo sucederá eso?
MAESTRO: No, mi estimada, no hay fuego. Pero tenemos que esperar unos años todavía. Recién hacia 1492.
NEÓFITA: ¡Oh, maestro, cuanta sabiduría! Gracias. Hoy voy a dormir más tranquila.
Maestro: Bueno, me alegro. Sigamos. No sé si te enteraste de la caída del Imperio Romano de Oriente.
NEÓFITA: Si algo escuché. Pero tampoco entendí mucho.
MAESTRO: El Imperio Romano de Oriente era el último bastión de lo que fue el Gran Imperio Romano. Allí unos monjes atesoraron durante siglos los escritos griegos que fueron parte del Imperio Romano.
NEÓFITA: ¿Escritos griegos?
MAESTRO: Si. Platón, Sófocles, Aristóteles, Homero y muchos más. La tragedia griega, la mitología. Unos tres o cuatro monjes escaparon de la caída, salvando consigo todos estos textos. ¿Y en dónde los acogieron?
NEÓFITA: ¿Aquí, en Florencia?
MAESTRO: Exactamente, hasta aquí llegaron esos monjes. Los Medici los han recibido con los brazos abiertos y poco a poco, gracias a ellos, los textos griegos se están traduciendo y gracias a la incipiente imprenta, pronto los tendremos en nuestras manos para poder leerlos. Pero, hay algunos que se nos han adelantado.
NEÓFITA: ¿Botticelli?
MAESTRO: Evidentemente. Pero tan adelantado está que ha creado la alegoría.
NEÓFITA: Cuando podamos leer los textos griegos y convertirlos en parte de nuestra vida tal vez dejen de ser una alegoría.
MAESTRO: Si, pero el mal ya está hecho.
NEÓFITA: ¿Cómo?
MAESTRO: Por empezar, cada vez que se hable de Venus tendremos esta imagen en mente. Este cuadro es la primera forma de “ilustración”. Esa misma imprenta que nos permitirá acceder a los textos griegos, convertirá al saber en un saber enciclopédico, con su correspondiente ilustración.
NEÓFITA: Entiendo, “Venus para los romanos, Afrodita para los griegos, diosa del amor” y a su lado el cuadro de Botticelli. Listo.
MAESTRO: Exacto. Es lo que llamamos alegorización del mundo. Cada palabra con su correspondiente definición e ilustración. Pero, volvamos a nuestra época primero.
NEÓFITA: Pero yo me quiero quedar acá. ¡Me gusta ser una mujer florentina y renacentista!
MAESTRO: ¿Querés terminar de entender este asunto o no?
NEÓFITA: Sí.
MAESTRO: Volvamos, entonces.

(La acción se traslada ahora al presente. Estudio del Maestro. Villa Crespo, Buenos Aires, Argentina)

MAESTRO: La cuestión ahora para nosotros es la alegoría en el cine, o cómo el cine ajusta las cuentas con todo esto.
NEÓFITA: A ver, ¿puedo arriesgar?
MAESTRO: Adelante.
NEÓFITA: Cuando en una película hay una construcción simbólica; hay una primera historia y una segunda historia que se va desovillando; se pone en escena. Por ejemplo lo que llamamos el mitologema de Venus. Es decir un personaje femenino que se va construyendo, a lo largo del relato, recreando algunos de los hitos que trazan el paralelismo con el mito. Con lo cual, al final y sólo al final, podemos decir que el personaje es Venus o es una puesta en escena del mitologema.
MAESTRO: ¡Perfecto! Así el cine nos libera de esa ilustración, el cine nos devuelve el símbolo. Recordemos que para que esto suceda el personaje primero tiene que ser orgánico a la trama. Si la acción transcurre, por poner un ejemplo, en Buenos Aires en 1942, habría que pensar en cómo construir a ese personaje femenino para que vaya tomando esa otra forma, el mitologema.
NEÓFITA: Si en lugar de ser una mujer vestida a la moda de 1942, aparece desnuda, con el pelo largo y rodeada de ángeles, sería sin más una alegoría.
MAESTRO: Si apareciera de esta forma los espectadores quedaríamos presos de ello, quizá muchos diríamos: “ah, es la Venus como la de Botticelli” y allí se terminaría su sentido. Otros, por el contrario,  se quedarían azorados intentando comprender.
NEÓFITA: Atrapados en el acertijo visual.
MAESTRO: En cambio si el personaje fuera orgánico a la primera historia, el que quiere es libre de revivir el mitologema de Venus, y el que no, disfruta y experimenta igual el sentido de la película, vive sin saberlo el mitologema. Así el cine nos devuelve a un estadio tradicional y primigenio.
NEÓFITA: Entiendo. Sin embargo, a mi el cuadro de Botticelli me parece de una belleza absoluta.
MAESTRO: ¡Por supuesto! Es importante que diferenciemos la alegoría pictórica originaria de Botticelli, de la alegoría cinematográfica. Sin duda alguna la Venus tiene un valor estético por su trazo, el uso de los colores, la composición. En cambio, en cine la alegoría no tiene valor estético alguno, ni la fotografía ni la música pueden salvar semejante irrupción en el relato. Es la negación del cine.
NEÓFITA: En cine los recursos estéticos –fotografía, arte, música, montaje- tienen que estar en función de construir un  universo orgánico y confluir entonces  en la construcción simbólica.
MAESTRO: Exactamente.
NEÓFITA: Y digo yo, ya que terminamos hablando de cine ¿no podíamos viajar también a 1942 y visitar a alguno de esos amigos tuyos? Que se yo, a Christensen o a Manuel Romero…
MAESTRO: Bueno, bueno. Un viaje por vez, todo no se puede. Tal vez sea la próxima, somos libres para eso.

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