LA RUBIA Y LA MOROCHA / Melina Cherro

Maestro y Neófita espían a través de una vieja puerta de madera. Están en una Abadía abandonada. Es de noche y sopla un viento espeluznante.

NEÓFITA: Maestro, esto es horrible. Realmente no entiendo por qué estamos aquí. Es de noche, afuera las aguas del lago son color negro y acá adentro todo lo que veo me eriza la piel.
MAESTRO: Es aterrador, no hay dudas, pero sólo mirando lo que sucede allá adentro podremos comprender algunas cuestiones que son raigales para nuestra teoría. Vamos a entrar y nos vamos a esconder en algún rincón de la habitación. Tenemos que observar en detalle lo que sucede.
NEÓFITA: ¿Hay que entrar? No, no. De ninguna manera. Vea la mirada de ese hombre. Está como extraviado. Y esa pobre mujer enferma. Yo me quiero ir a mi casa.
MAESTRO: De ninguna manera. Adentro, vamos.
Ambos ingresan en puntitas de pie y sin hacer ruido. La gran puerta de madera apenas cruje. Corren a esconderse tras un gran sarcófago.
NEÓFITA: Por favor, Maestro. No voy a poder dormir esta noche. Mire a ese hombre, mírelo bien.
MAESTRO: Está bajo los efectos del opio. El pobre hombre añora a su adorada Ligeia y no puede hacer más que fumar opio y soñar con ella.
NEÓFITA: Entonces la que está en la cama es la agonizante Lady Rowena.
MAESTRO: Exacto. Estamos en Inglaterra hacia fines de 1838. Poe nos sitúa aquí, en la cuna de la revolución industrial y nos sumerge en este universo oscuro y mórbido, para hacernos pasar por el sufrimiento de este hombre y de la pérdida de su mujer angelical. Nos advierte así algo que no podremos evitar.

NEÓFITA: Maestro, por favor, este lugar está lleno de fantasmas.
MAESTRO: Lleno de fantasmas no, estimada. En tal caso hay un sólo fantasma: el de Lady Ligeia que quiere volver a la vida.
NEÓFITA: ¿Pero Ligeia existe o sólo es un sueño alucinado del Narrador?
MAESTRO: Ah, muy bien. Eso es algo que tenemos que pensar. Veamos. La descripción que hace el Narrador, que seamos claros, siempre es Poe o una versión de sí mismo…
NEÓFITA: Con lo cual desde el vamos nos adentra en la cuestión del doble.
MAESTRO: Exactamente. Pero no nos adelantemos. O vamos por partes. Decía que Poe, tomando la forma del narrador y protagonista de esta historia, construye con Ligeia una mujer ideal, angelical. En la primera parte del relato se detiene en una exhaustiva descripción del aspecto físico de Ligeia. Dice de ella que entraba y salía como una sombra, que su andar era imperceptible.
NEÓFITA: Dice también que era como salida de un sueño de opio. Ahí está la respuesta. Ligeia no existe.
MAESTRO: ¿No? Observemos un momento.
El Hombre pálido  se acerca hasta una mesa en donde hay una botella de vino. Allí una leve sombra aparece y la mirada del hombre brilla por un instante, algo le ha rozado la mano.
NEÓFITA: ¡Ahhhh!!
MAESTRO: Shhhhhh. Nos van a descubrir. Bien, es verdad, podemos pensar que nada de lo que el Narrador cuenta es real. Podemos pensar que ha sido un sueño alucinado. Y que Ligeia es parte del imaginario de los hombres de esa Inglaterra de mediados del siglo XIX que necesitan continuar con esa imagen desdoblada de la mujer. Eso que llamamos la bilocación de la mujer. La angelical y la terrenal. La cortesana y la esposa. Algo de esta mentalidad se ha quebrado. Con la Revolución Industrial la mujer ha salido a trabajar en las minas de carbón, en las fábricas y posteriormente en las oficinas. Aquí la mujer ha salido de esa forma o de esos modelos en que estaba ubicada y aparece otra forma de mujer. La mujer de al lado. Que es parte de ese sistema capitalista liberal.
NEÓFITA: La mujer que es objeto del consumo y de la producción. Ni hombres ni mujeres entienden muy bien qué hacer con esta nueva forma de mujer. Están descolocados. Igual no termino de entender la mentalidad de este hombre. ¿Qué es lo que quiere?
MAESTRO: Este hombre ha visto cambiar las formas de administración. Lo sagrado, lo religioso, ha sido apartado. Ha sido despojado de lo secreto. Del misterio. Todo ahora es producción y consumo. La movilización total. Los hombres –Poe como representación de esa mentalidad- han quedado desconcertados. De alguna manera, necesitan recuperar el misterio. Lo sagrado.
NEÓFITA: Y en la imagen de la mujer encuentran una forma del misterio.
MAESTRO: Exactamente. Pensemos que desde siempre la mujer ha sido portadora de lo sagrado. Desde la mitología griega y hasta el cristianismo. Tan sólo pensemos en lo que representa para los católicos la figura de la Virgen María. Pero… volvamos a Ligeia entonces. Sigamos detallando la descripción que hace el Narrador de esa mujer angelical, espectral, a la que adora.
NEÓFITA: Al describirla habla de su belleza como perteneciente a “una remota antigüedad”, habla de su espíritu, desde lo egipcio hasta lo griego. Casi como una deidad. Dice que en sus ojos “yacía el secreto”. ¿Podemos decir Maestro, que estamos ante la presencia de lo numinoso?
MAESTRO: Evidentemente. Ligeia es un espíritu libre -según las palabras del narrador- que lo une con lo ancestral, además de lo egipcio y lo griego, también lo hebreo, los astros y toda una serie de conocimientos, desde las lenguas clásicas, hasta la ciencia y la astronomía.
NEÓFITA: Entonces Ligeia no es sólo de belleza física.
MAESTRO: No, evidentemente Ligeia es la idea de una mujer, es una imagen. O mejor dicho, la mujer como depositario de lo sagrado. Entonces bien, no podemos saber con exactitud científica si Ligeia existe –en el verosímil, en la economía del relato- o si es una alucinación del narrador.
NEÓFITA: ¿Tal vez sea una cuestión de fe?
MAESTRO: Y sí, la pregunta es en todo caso si creemos o no. Y en qué creemos.
Mientras tanto la mujer enferma bebe desesperadamente de un vaso un poco de ese vino que le ha servido el hombre. Las telas negras se agitan con el viento y las figuras siniestras aparecen y desaparecen, creando un clima espectral.
NEÓFITA: ¿Maestro, usted vio lo que yo vi? Eso rojo que cayó en la copa, era… sangre. Le dio de tomar sangre.
MAESTRO: Mi querida, podemos decir que te está haciendo efecto el vapor del opio.
NEÓFITA: No, no. Nada de opio. Estoy segura. Y esa sombra… y las cortinas negras horrorosas. Esto… esto es como una cripta. Ahora lo veo. La forma pentagonal, los sarcófagos, el incensario. ¡Hay fantasmas, vampiros!
MAESTRO: Pero por favor. No podemos pasar de un extremo al otro. Primero Ligeia no existe y ahora hay vampiros y fantasmas. A ver, recapitulemos.
NEÓFITA: Recapitulemos, si. Tal vez si tomara un poco de ese vino…
MAESTRO: Que ni se te ocurra. Sigamos. Si estamos atravesando este período, que lamentablemente se extiende hasta nuestros días, en donde los hombres han sido despojados de lo sagrado. En donde el misterio ya no forma parte de lo cotidiano, porque lo cotidiano, lo ordinario está puesto en movilización total. El misterio re aparece por donde menos se lo espera. Y muchas veces aparece con forma aterradora.
NEÓFITA: El mismo Narrador habla de los ojos de Ligeia y de cómo ella lo miraba en la intimidad. De cómo esa mirada lo deleitaba y lo aterraba al mismo tiempo.
MAESTRO: Lo numinoso, entonces, puede aterrarnos y maravillarnos a la vez.
Lady Rowena muere. Y ahora está amortajada.
NEÓFITA: Si Ligeia es todo eso… ¿Qué es la pobre Rowena?
MAESTRO: Yo no diría “la pobre” Lady Rowena. La familia de Rowena acepta que la chiquita rubia y de ojos claros se case por el dinero que el Narrador ha heredado de su primera esposa. Es decir que es una boda arreglada.
NEÓFITA: Rowena es entonces la mujer terrenal, producto del pensamiento liberal, que cría mujeres para casarlas por dinero.
MAESTRO: Si, es esa mujer ordinaria. Y veamos aquí como funciona eso que llamamos la bilocación de la mujer. Entonces, una morocha extraterrena. Una rubia terrenal. Una angelical, ideal, proveniente de un lugar desconocido. La otra con nombre, apellido y lugar de origen. Lo sagrado y lo profano. Ahora sí, el mitologema del doble, que tantas veces hemos mentado.
NEÓFITA: Maestro, por favor. Ya no quiero ver lo que sigue. No voy a dormir esta noche. Ahora ya viene esa parte.
MAESTRO: Está bien, nos vamos. Pero ¿qué es lo que sigue?
NEÓFITA: Vamos, usted lo sabe bien. Ahora Ligeia vuelve de la muerte. Revive. Han vampirizado a Rowena, la han transmutado en Ligeia que con su pasión su “salvaje deseo de vivir” ha vuelto a la vida y a los brazos de su amado.
MAESTRO: Bueno, es una interpretación. Me parece bien. Y como dijimos, una cuestión de fe.
NEÓFITA: Ahí, lo ve. Está viva. ¡Me quiero ir, por favor!

Maestro y Neófita se trasladan ahora al ya conocido estudio en Villa Crespo.

MAESTRO: Estimada, así no podemos seguir. Hay algo a resolver.
NEÓFITA: Bueno, bueno. Pero nada de psicoanálisis por favor.
MAESTRO: No, no. Yo iba a hablar de cine.
NEÓFITA: Ah, bien.
MAESTRO: Como ya hemos dicho, el cine ajusta las cuentas con la literatura fantástica del siglo XIX.  De alguna manera, el cine resuelve el problema de Ligeia.
NEÓFITA: Del cine negro al melodrama, o como usted dice, el thriller en todas sus formas, trabaja la duplicidad de la mujer. Mujer ángel-mujer demonio.
MAESTRO: Si, digamos que trabaja esa idea de bilocación, en donde la mujer siempre es lo otro. La otredad, lo numinoso. La mujer como depositario de lo sagrado.
NEÓFITA: Pero el cine no lo deja ahí, ¿verdad? Hay algo más que resuelve. Por ejemplo “The ward” de Carpenter.
MAESTRO: Si. En “The Ward”, Carpenter lleva Ligeia a sus últimas consecuencias.
NEÓFITA: Allí la mujer está desdoblada –literalmente- en múltiples personalidades, todas ellas una forma de encierro para la mujer: la artista intelectual, la colorada sexual, la masculina, la niña.
MAESTRO: Exacto. Pero para entender mejor todo esto, vamos al psiquiátrico a verlas más en detalle.
NEÓFITA: Que ni se le ocurra. Salimos con vida de la Abadía de Poe, del psiquiátrico ese seguro que no. Acá estamos bien. Sigamos por favor.
MAESTRO: Que poco aventurera. Recordemos entonces que la película de Carpenter está situada en 1966 que es el año de la píldora anticonceptiva y la minifalda. Pensemos un poco, ya conociendo el final de la película, quiénes son esas chicas.
NEÓFITA: Parecerían ser las múltiples opciones, los estereotipos de mujer, que en definitiva tiene para elegir Alice. La chica original, esa que padece el tratamiento y que va asesinando a todas esas posibilidades.
MAESTRO: Bien. Yo sospecho que lo que Carpenter nos está diciendo es que hasta el propio trauma -productor de esas personalidades- es creado de la mano del psiquiatra. Es decir, Alice nunca tuvo un complejo de múltiples personalidades.
NEÓFITA: Entonces aparece Kristen, la protagonista de la película que es esa mujer que no encaja en ninguno de esos modelos prefabricados de mujer.
MAESTRO: Exacto. Kirsten es la única forma de escape que tiene Alice.
NEÓFITA: Y entonces obligan a Alice a convertirse en un terrible fantasma para que asesine una a una a esas posibilidades de mujer.
MAESTRO: Bien, ¿para qué hacen eso?
NEÓFITA: Para que Alice salga de la clínica lista para ser esa mujer de al lado. Preparada para usar minifalda y píldoras anticonceptivas, y trabajar en las oficinas de las grandes empresas, mostrando sus piernas y caminando sobre tacos. Lista para ser esa mujer producto de la movilización total.
MAESTRO: Perfecto. Entonces, ¿quién es Kristen?
NEÓFITA: A ver…  Kristen es lo inesperado. Lo que se fuga. La que incendia esa casa que aloja ese trauma inventado. La que se resiste a ser dominada. Es esa mujer que quiere vivir y ser de otra manera. Es más, ¿es tal vez esa que ha nacido en “Vértigo” –de Hitchcock-, esa que allí muere? Aquí en “The Ward” vive. Y sale del espejo, al final, más viva que nunca.
MAESTRO: Diría más, Carpenter hasta se permite varias simetrías con “Vértigo”. Mencionemos tan sólo una. El duelo final entre Alice y Kristen termina con ambas cayendo de una ventana, reproduciendo así la caída de Madeline.
NEÓFITA: Señalando un eje vertical que nos señala una posible resolución de la historia y que al verlas caer juntas, sin dudas nos abre la expectativa del final.
MAESTRO: Y sí, todos queremos que Kristen vuelva.
NEÓFITA: Kristen ha sido víctima de ese terrible fantasma, esa Alicia que nunca estuvo en el país de las maravillas. Y vuelve para defenderse y en todo caso, para salvarnos a todos.
MAESTRO: Eso es. Para salvarnos a todos.

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