ESCRIBIR ES COSA DE HÉROES / Diego Ávalos Una lectura a "El sueño de héroes", de Adolfo Bioy Casares

Este rejunte de palabras está dedicado a:

Cristian Cimminelli y Rodrigo Rafetto, porque me inspiraron volver a Bioy.

Y a Melina Cherro, porque creyó que este disparate valía la pena.

A los tres, gracias.

Escribir historias proviene de una necesidad, la necesidad de contar algo. Pero, ¿cómo nace esa historia, qué la provoca? En ocasiones se trata de una imagen insistente, otras de un sueño, una persona conocida de la que queremos hablar o un hecho que hemos vivido en carne propia. También hay quienes inventan historias por alguna indignación, o para demostrar una idea abstracta. Estas personas son más racionalistas, ¿y por qué no? La poesía y la razón no son enemigas. Otros cuentan historias solamente para conquistar, enamorar o tener al fin una real posibilidad. ¿Y por qué no? Las historias de amor son las únicas que valen la pena más por lo que se vivió que por lo que de ellas se escribe.

Entre los contadores de historias muchas veces se encuentra algo en común: las historias nunca vienen de la misma manera, por lo tanto no hay un único método. Aprender a escribir entonces no se trata más que de descubrirse a uno mismo en sus múltiples maneras.

Creemos que en El sueño de los héroes, la extraordinaria novela de Adolfo Bioy Casares, su autor nos cuenta de manera cifrada cómo surgió la idea para su historia. Decimos que de manera cifrada porque el mismo Bioy en el prólogo del libro nos comenta otras fuentes más directas:

Es difícil reconstruir con exactitud la génesis de un libro, incluso de uno propio. Muy en el principio tuvo que haber estado la idea de que la realidad puede ser fantástica en cualquier momento. A veces la vida nos da una visión momentánea de algo que quiebra con el orden de la realidad, como si el mundo estuviera hecho de infinitos mundos que de vez en cuando confluyen. También puede haber influido la lectura, o el recuerdo de la lectura, de An Experiment with Time, un libro excelente de J. W. Dunne.

De todos modos, la parte fantástica de El sueño de los héroes fue menos lo que me impulsó a escribir que la vida en Buenos Aires, la amistad, la lealtad, todos esos temas que hay en la novela me entusiasmaron más que lo asombroso del argumento. Muchas circunstancias que aparecen en el libro son recuerdos de relatos que se contaban en un restaurante donde se reunían los choferes de taxi, en calle Montevideo, al que de chico me llevaba Joaquín, el portero de casa. Allí se contaban historias en las que trasnochadores de vida rumbosa, después de una noche de farra en algún cabaret, salían en un taxi abierto a dar grandes paseos con mujeres por los bosques de Palermo. Creo que haber escuchado esas historias fue uno de los móviles que me llevó a escribir la novela”.

Consideramos que en este prólogo Bioy explica sus razones para escribir la novela, pero se guarda el método de escritura, el mecanismo que lo inspiró. Estamos convencidos que Bioy discute con una historia en particular sobre la cual piensa y polemiza. Se trata de una película, y como se trata de cine, se trata de Hollywood.

Cuando Emilio Gauna, protagonista de nuestra historia, muy a su pesar es plantado por Clara, su interés romántico, decide ir al cinematógrafo con tal de no quedarse en su cuarto, mirando paredes vacías. Es interesante como Emilio no quiere proyectar su amargura en su habitación, por lo que prefiere ir al cine y distraerse con otra clase de proyecciones. Pero claro, el cine no es evasión y Bioy bien conoce del poder de la imagen, las evasiones y las islas.

Nos cuenta el narrador:

Alcanzó las últimas escenas de una vista de Harrison Ford y de Marie Prévost; lo hicieron reír mucho y lo dejaron contento. Después de un entreacto ocupado especialmente por carreras de chicos e idas y venidas del chocolatinero, empezó El amor nunca muere. Era una larga historia de amor sentimental, que seguía más allá de la muerte, con hermosas muchachas y con jóvenes desinteresados y nobles, que envejecían ante el espectador y se congregaban, hacia el final, blanquecinos, ojerosos, y encorvados sobre bastones, en un cementerio nevado. Había gente demasiado buena, gente demasiado mala y como un ensañamiento del infortunio. Gauna salió con una sensación de recogimiento y de repugnancia que, ni siquiera el regreso al mundo de afuera y la aspiración del aire de la noche, atenuaron. Con vergüenza comprobó que estaba asustado”.

Creemos que esta película se trata de Love never dies, película muda de King Vidor de 1921. La cuestión central es que el argumento que da Bioy es muy distinto al de la película original, que más se parece al de su propia novela. Entonces, el movimiento es doble. Por un lado la trama que se nos dice que ve Gauna es una reflexión sobre el futuro del personaje, todo aquello de lo que está huyendo y tanto lo asusta: sabemos que su historia de amor no es eterna, que el amor muere, que los amantes no envejecen juntos, que nunca llegará el invierno (lo central de nuestra historia ocurre en los veranos porteños) y que el infortunio no se ensaña, sino que cada uno al final también decide por su destino. Al fin y al cabo es Gauna quién avanza de buena voluntad por la alfombra de los héroes.

Revisemos entonces la verdadera trama de Love never dies.

Love never dies cuenta la historia de John Trott, un joven avergonzado de tener una madre prostituta. Un día se casa con una inocente chica llamada Tilly Whaley, a quién no le dice la verdad sobre su madre. Pero el padre de Tilly se entera y decide asesinar a John por haber humillado a su familia. Así es que lo espera en su casa a que vuelva del trabajo para pegarle un tiro. Tilly, desesperada, le propone a su padre abandonar a John y no volverlo a ver si él no lo mata. El padre acepta y Tilly se marcha con él. Cuando John llega a su hogar cae en una profunda depresión: su mujer lo ha abandonado. Para escapar de su dolor se sube a un tren para realizar un largo viaje, pero en medio del trayecto el tren descarrila, provocando un grave accidente. John logra sobrevivir, pero pasa su propio nombre como uno de los muertos. Quiere comenzar una nueva vida, haciéndoles creer a Tilly y a su madre que él ya no existe. Años después vuelve a su viejo hogar. Allí lo ve su madre, quién se desmaya por estar viendo al hijo que creyó muerto. Y también lo ve Tilly, la cual después de la supuesta muerte de John escapó de su casa para acompañar a su suegra. Lo que John no esperaba es que Tilly tuviera un hijo, su propio hijo. Y que la mujer se ha vuelto a casar. El nuevo marido comprende que ahora que ha regresado John, Tilly querrá volver con él, por lo que decide matarlo. Lo espera escondido en un camino del bosque, con un revolver en la mano, y lo cruza de sorpresa. Pero John logra reducirlo. El hombre, desesperado, intenta suicidarse lanzándose por una corriente. John trata de salvarlo, pero no lo logra. El hombre, antes de morir, le pide disculpas a John y le asegura que Tilly siempre fue suya.

Vemos entonces entre la trama de la película y de la novela un mismo mecanismo dramático: un hombre que logra escapar de una muerte segura gracias a la intervención del amor, años después vuelve a encontrarse con la misma circunstancia: un asesino, un arma y una cuestión de honor. Gauna, lo mismo que John, eludió a la muerte para vivir otra vida, una que no era la suya. Gauna se distancia de Valerga, vive su amor, trabaja, es amigo. ¿Pero es feliz? ¿Alcanza todo eso frente a esa misteriosa sensación que intuyó una noche, esa revelación olvidada pero a la vez tan esencial? John, por un amor dolido, decidió vivir una vida que no le correspondía. Hizo fortuna, tuvo paz. Pero años después volvió a los sitios del pasado, a su casa, a donde dejó una historia incompleta que clamaba por concluir. Cuando su madre lo ve, se desmaya, creyendo estar viendo un fantasma. Luego de la noche donde su destino se torció, Gauna tiene con Larsen este sutil diálogo:

Tristemente entró en su casa.

Larsen le dijo:

-Creí que te habías muerto. Menos mal que no puse el agua a calentar cuando saliste.

Gauna contestó:

-Voy a necesitar un poco de agua para afeitarme.”

Más adelante, en un encuentro con un amigo:

En la Avenida del Tejar se encontró con Pegoraro. Este, tocándolo, como para convencerse de que Gauna no era un fantasma, y palmeándolo y abrazándolo, exclamó:

-Pero hermano, ¿de dónde salís que ni se te veía la cabeza?”

Gauna está todo el tiempo rodeado de imágenes de muerte. El destino, o lo que decide que será su destino, se le presenta en ancianas de negro, en alusiones espectrales, tango innombrables y películas que proyectan falsas posibilidades.

¿Por qué entonces Bioy eligió darnos el nombre de la película pero cambió su trama por completo? Creemos que es una verdadera “Omisión polémica”, según le teoría del maestro Ángel Faretta. Esos presuntos errores que de tan notorios, aún en su sutileza, nos llaman a seguir una lectura cifrada.

El sueño de los héroes puede ser leída como una corrección a la trama de Vidor. Por supuesto que el carácter trágico y fantástico de la historia se acrecienta de haber John Trott encontrado su muerte, al fin, en un hombre con un revólver. La solución feliz hace perderle a la historia densidad. Bioy toma ese esquema, la segunda oportunidad como algo extraño, y lo lleva hasta sus últimas consecuencias. Gauna y John vuelven al pasado, como fantasmas, para recuperar eso que han perdido. John queda vivo, su ideal es una mujer, pero a partir de ahora su vida estará centrada en lo cotidiano. Gauna muere, su ideal fue comprender si su esencia era la cobardía o el coraje. El resto, lo mucho o poco que le queda, es gloria.

Digamos finalmente que una historia puede venir de una frase oída al pasar. De una pesadilla. De un recorte de diario olvidado. De una promesa hecha en la cama. De un vampiro, un niño soñador o un baile perpetuo. En fin, de toda experiencia humana, y por ende también del cine. Mirar una película, cautivarse con ella, y de pronto saber que esa historia se puede contar de otra manera, de nuestra manera, porque esa historia ahora nos pertenece.

Una vez dijimos que escribir es un asunto de héroes. Soñar, entonces, es ir afilando el cuchillo.