LA SAGA DE “EL PADRINO” Y LA TRIFUNCIONALIDAD INDOEUROPEA / Ángel Faretta

PRIMER ESBOZO

El esquema de repartición trifuncional en la mentalidad indoeuropea descubierta por Georges Dumézil consiste -desde luego que simplificando aquí un poco- en lo siguiente. Un reparto imaginario de funciones desde la noche de los tiempos de este estrato cultural.
Primero: la administración de lo sagrado (o mágico) y de lo jurídico. Formado por las figura de un sacerdote (o chamán, o mago) y por un rey-legislador.
La segunda: que administra la fuerza, representada por un héroe epónimo.
La tercera que administra la producción tanto de bienes materiales, cosechas, oficios, (incluidos los poéticos o intelectuales), como la reproducción en todo sentido.
A todas ellas las acecha un determinado pecado de cada una de estas funciones (es Dumézil –un agnóstico- quien emplea “pecado”).
A la primera el exceso de lo mágico-jurídico, tiranía, reinado cruel, prohibiciones arbitrarias. A la segunda un pecado de fuerza, un exceso de violencia innecesario. Y a la tercera un pecado de prodigalidad generalmente representado por un hecho de lascivia o de exceso sexual o, convergentemente, de esterilidad.
Esto ha sido demostrado partiendo de la comparación de funciones y de situaciones y motivos desde el Mahabharata hindú a las sagas escandinavas, por la llamada “religión romana arcaica” como la –según creemos- joya de la corona comparativa con la saga de un pueblo indoeuropeo hasta hace poco olvidado, o exterminado, como son los osetos del Cáucaso cuya épica fuera recogida in situ, y desde lo oral, por el propio Dumézil.
Al igual -aunque cambiando lo que haya que cambiar- que con las funciones de V. Ja. Propp, esta trifuncionalidad se ha reconfigurado en ciertas manifestaciones del arte contemporáneo mediante el ricorso. Esto fue finalmente aceptado por el propio Dumézil que ya tenía variados problemas políticos universitarios como para en su momento aceptar la continuidad, siquiera sui generis, de esta reconfiguración de funciones tripartita.
Esto aparece en el epos literario, sea narrativo o teatral, en determinadas manifestaciones políticas, pero y sobre todo en el concepto del cine, al ser éste el que ha logrado retomar y reconfigurar de manera extrema estas formas culturales y anímico-espirituales de la cultura tradicional en diáspora desde el “otoño de la edad media”.
Al comienzo de “El padrino”, Don Vito otorga a Bonasera, o ejerce mejor dicho los atributos del mago o chamán así como los del rey legislador.
Luego será su hijo, Michele el que ejerce la función de administración de la fuerza frente a los pecados de exceso de su hermano Sonny, como de ahorro de fuerzas de Hagen (por cierto hijo adoptivo del clan)
La función de la fertilidad está representada desde luego por Connie y Kay y es el marido de aquella (que la golpea sobre el vientre preñado) quien atenta contra la tercera función. Así como Kay lo hará con su aborto provocado, en la segunda parte de la saga.
En su nuevo puesto de mago-rey Michele será quien asuma la función de padrino de bautismo del hijo de su hermana, pero quien ejecute al padre traidor de la criatura y que atentara contra la fertilidad.
En su segunda parte, el joven Vito, como administrador de la fuerza, ejecutará a Don Ciccio (mediante un destripamiento que parodia un parto), para poner en orden la falta o pecado contra la tercera función (asesinato de su madre).

EXCURSO. CUESTIONES DE MÉTODO Y TERMINOLOGÍA

Puede hacerse un cruce teórico entre las 31 situaciones de Propp con la trifuncionalidad dumeziliana. “El héroe” no presenta problemas y pertenece siempre a la segunda función administradora de la fuerza.
Por ejemplo, la función en que el villano ataca sus bienes al héroe, pertenece o se relaciona con la tercera función. Y cuando éste recibe un objeto mágico de un donante, estaríamos frente a una avatar de la primera función en cuanto administradora de lo sagrado o de “lo mágico”.
De paso, lo que a su vez Propp-Dumézil llaman -cierto que a veces- “mágico”, lo calibraríamos con lo que Rudolph Otto y Mircea Eliade definen como lo sagrado en oposición a lo profano…
“Mágico” sigue dependiendo mucho en el ruso de lo folklórico de la etnografía decimonónica, y en Dumézil de su postura agnóstica personal.

SEGUNDO ESBOZO

En la segunda parte de la saga, el joven Vito (vida y victoria) se asume en poseedor de las funciones chamánica y jurídica al ejecutar a Fanucci que atenta contra la tercera función alimentaria de sus paisanos o de su grupo de pertenencia (clan, tribu) endogámico.
No por nada Vito trabaja en una tienda de comestibles y verdulería y que luego se niega -por “orgullo”- a aceptar la caja de alimentos que insiste en darle su ex patrón cuando debe expulsarlo por orden de Fanucci; así como lo vemos comprar una pera a un verdulero quien luego será quien retribuirá gratuitamente los dones a quien ha logrado exorcizar al que se opone a la función de la tercera función productora de valores de alimentación, y por ende de fertilidad.
Fanucci, por su parte, se ha convertido en una suerte de perversión de la primera función administradora de lo sagrado y de lo jurídico. Puesto que explota a su propia tribu y clan (*) a la que no solo no protege en su doble función, sino que debilita, librando además a algunos de ellos, descontentos de su tiranía, a ocuparse de pequeñas pillerías y rapiñas ocasionales, como hacen los jóvenes Tessio y Clemenza.
Hasta que Vito se asume como detentador de la segunda función heroica (administración de la fuerza) y como paso a detentar los dones de la doble faz de la primera función sacra-jurídica.
*: aquí tenemos una variante del mitologema del “deus otiosus” que será tratada por separado.

TERCER ESBOZO

Veamos este fotograma. “Simplemente” Fanucci ha aprovechado para robarse una naranja y la hace jugar verticalmente en su mano derecha. Viste de blanco y de “capotto” negro puesto sobre sus espaldas, y lleva una estría negra de luto, a la usanza italiana, sobre la solapa izquierda del saco. Lleva también sombrero color blanco. Detrás suyo el carro del frutero donde se ha robado impunemente la fruta que hace saltar en su mano derecha.
Más otros detalles que se verán a continuación, aparece como una figura “real”: capa, sombrero sobre su cabeza (capo), así como la naranja parece la esfera del mundo que sostiene en la mano la figura de un monarca absoluto y “clásico”. Solo que aquí juega, y es tanto juego como labilidad, no está segura en su mano que solo juega con ella, impunemente, como ha birlado antes la fruta a un representante de la tercera función.
En simetría con el establecimiento que vende alimentos donde trabaja el joven Vito Corleone a quien ha hecho expulsar de allí con amenazas para poner en su lugar a un sobrino y protegido suyo.
Ya hemos visto en la entrega anterior, cómo Vito rechazará el cajón con alimentos del amenazado representante de la tercera función y se conformará con comprar una pera para alimentarse y demás…
Fanucci acaba de tratar a Vito como a uno cualquiera, pero lo ha marcado, con un fuerte pellizco en la mejilla izquierda, cosa que aquel toca luego simétricamente con asco y desafío. Fanucci roba luego un rosario, y ostentosamente pone una “ofrenda” de dinero en la imagen sacra (cargada de ex votos en dinero) y saluda como un demagogo cualquiera.
Ha hurtado lo alimentario y lo sagrado. Se ha mofado de la entrega de dones a la primera función. Tanto en su fase sagrada como jurídica… Su “reino” y su existencia es tan lábil, en el aire, a punto de desmoronarse en cualquier momento como la naranja-orbe que juega torpemente en su mano…
Sobre un techo, verticalmente, la segunda función, el héroe, está a punto de intervenir para reparar las faltas contra las tres funciones. Se ha mofado de lo sagrado-jurídico, de lo alimentario y de la administración de la fuerza.

CUARTO ESBOZO

El primer caso o misión que debe asumir don Vito ya como detentador de la primera función corresponde al orden jurídico. Y este orden está aquí relacionado con el lugar, con la residencia; exactamente sería con “el nomos de la tierra”, al decir de Carl Schmitt. Es la propiedad como lugar, pero como ocupación, sea anímica o de relación con determinada tradición. Refiere a los dioses lares de la religión romana, pero se remonta a rituales de ocupación territorial desplegados in illo tempore.

La inquilina desahuciada es amiga de la señora Corleone; con la cual este acto se inscribe directamente en relación con la tercera función. Esta mujer amenaza ser expulsada de su lugar, porque no quiere desprenderse de su perro en el sitio que alquila. Lo que hace a esta propiedad también parte del nomos, en relación con su animal doméstico.

La mujer se llama Colombo. El nombre italiano y también el que se da en Estados Unidos a quien descubriera América. Aquí -sí queremos- hay todo un topos polémico riquísimo en significaciones y donde se suman mitologemas, motivos y figuras, emblemas y variados símbolos. Ya que se ha hartado con simplificaciones anecdóticas que fueran los vikingos o normandos lo que llegaran a suelo americano cientos y hasta miles de años antes que Cristoforo Colombo. Aunque fuera así, éste fue quien tomara posesión, es decir aplicara el nomos que desde la Odisea –siempre según Schmitt- habla y canta a la ocupación de un lar, no solo en sentido material -o telúrico- sino en sentido espiritual o “ctónico”.
*: notemos cómo a partir de aquí, palabras como “sitio”, “lugar”, “expulsar”, etc., toman otro carácter más raigal, directamente simbólico y atemporal; suprahistórico incluso. Eso es el arte, el pensar y poetizar cuando está arraigado en lo mítico-simbólico. Nada de “signos arbitrarios” sino “universales fantásticos” al decir de Vico.