SOBRE WILLIAM WILSON, EL ALTER EGO Y EL ALTER MUNDUS / Jonathan Plaza

Edgar Allan Poe fue la piedra angular en la reconfiguración de los saberes tradicionales en literatura fantástica en Estados Unidos. En sus cuentos, la otredad y el hecho trágico irrumpen en la lógica liberal evidenciando sus fracturas estructurales.

Poe advierte, con profundidad y claridad admirables, no sólo la gestación de la nueva mentalidad sino además la imposibilidad de detenerla en sus propios términos. Es por esto que cuando lo tradicional retorne e irrumpa en sus relatos lo hará de forma horrorosa, es decir, entiende que el horror es el único sentimiento humano que la mentalidad liberal no podrá sistematizar. Tal es el caso de William Wilson en donde el autor actualiza el mitologema del doble para ajustar cuentas con la filosofía de su época.

El mitologema del doble se encuentra en gran parte de las culturas tradicionales en diversas formas. No es difícil imaginar que la primer fascinación del hombre fue el encuentro con su propia sombra. En La Iliada, por ejemplo, podemos verlo en el enfrentamiento final entre Aquiles y Horacio en donde este último usa la armadura que el hijo de Pelida había dado a su amigo Patroclo. La potencia de este detalle del vestuario es arrolladora, la prueba final de Aquiles es batallar contra sí mismo.

Todo en William Wilson es, en apariencia, doble. El propio protagonista reconoce que William Wilson es un seudónimo muy parecido a su nombre real, es decir, se sabe doble. Este nombre, al mismo tiempo, guarda en sus iniciales WW (en inglés double-u, double-u) una doble duplicidad. De la misma forma el director de la escuela es también el pastor. En uno de sus roles se muestra reverente, sereno y benigno; en el otro agrio y violento. Sin embargo Poe, lejos de reducir su relato a la crónica de un desdoblamiento, entiende que el doble como otredad no es un hecho aislado e individual sino que es la evidencia de la existencia de una otredad espacio-temporal. Un otro mundo.

 

La vieja academia, espacio al que Poe dedica descripciones detalladas, es en esencia alteridad. William Wilson pasa allí su infancia y se sorprende en recordar cada detalle de sus rincones y sus saberes. Escaleras y habitaciones que dificultan saber si se está en un piso o en otro, un eterno clima brumoso y un gran muro que lo recorta del resto del mundo configuran este espacio. Entre los muros de esa academia William conoce a su alter ego.

Recordemos los últimos días de William en la academia. William y su alter ego tienen un violento altercado y luego del mismo a William se le presentan “…tumultuosos recuerdos de un tiempo en el que la memoria aún no había nacido”. Repasemos citando la traducción de Cortázar las sensaciones de William:

“Sólo puedo describir la sensación que me oprimía diciendo que me costó rechazar la certidumbre de que había estado vinculado con aquel ser en una época muy lejana, en un momento pasado infinitamente remoto”

Dejemos que Mircea Eliade nos aproxime una explicación al sentimiento de William con la esperanza de que nos acerque al entendimiento de Poe. En “El Mito del eterno retorno” el autor plantea que, para el hombre arcaico, los acontecimientos que tienen lugar en el mundo cobran realidad y sentido gracias a su imitación o participación de un hecho que está ubicado en un tiempo originario apartado del unidireccional. En ese tiempo originario están los hechos fundantes que se conocen gracias a las narraciones míticas y rituales que se actualizan por la repetición. Es decir, en un orden diferente hay un tiempo cíclico que permite que se desenvuelva el tiempo lineal. Esto es, reconfigurando el mitologema del doble, Poe actualiza ese hecho fundante que le dio origen. La consciencia de Poe sobre este movimiento hace que coloque a su protagonista frente a la misma situación. William Wilson está vinculado a su doble desde el tiempo originario en donde el mitologema del doble fue (es) un hecho fundante.

Luego de este hecho, William, iluminado sólo por una lámpara, se aventura en uno de los recintos menores que constituyen las “sobras de la estructura” (espacios habilitados como habitaciones a pesar de ser reducidos) para encontrar el recinto donde duerme su alter ego. William entra a hurtadillas en la habitación y allí, mientras el otro duerme descubre la similitud de sus rostros, similitud que antes le era negada. William escapa horrorizado.

Fuera de la línea marcada por los sagrados arbustos de boj que delimitaban la entrada de aquel lugar “propio para la paz de espíritu” está el resto del mundo, lugar donde los periplos no tienen un norte aparente y en donde es difícil recordar con claridad aún los hechos más recientes. El propio narrador reconoce haber iniciado un proceso de escepticismo al ingresar en la escuela de Eton (luego de irse de la vieja academia) que según sus palabras profundizará en Oxford. Quizás por esto fuera del establecimiento el otro Wilson sólo será una sombra o una silueta. Sin embargo, el alter ego de William va a volver a materializarse hacia el final del relato, que es además el momento en donde comienza a contarnos su historia.

El lugar elegido para este final es Roma, la misma donde, en otra época, otro se enfrentó a su doble, mellizo en aquel caso, derramando la sangre necesaria para fundar la ciudad en la que ahora William Wilson está muriendo. Así, William Wilson y Poe refundan nuevamente el mitologema.

A pesar que la modernidad estudie al doble como caso clínico, a pesar que la industrialización lo vuelva alienación, su mitologema excede la historicidad para actualizarse y refundarse. Para recordarnos que hay otro mundo y otro tiempo.