POBRE MARIPOSA / Diego Ezequiel Ávalos SOBRE FRANKENSTEIN: THE TRUE STORY DE JACK SMIGHT Y CHRISTOPHER ISHERWOOD

Este texto está especialmente dedicado al maestro Faretta. Supimos de la existencia de este film gracias a su precisa memoria y evidente generosidad. El descubrimiento es totalmente suyo. Son estos los gestos que vuelven a los maestros tales. Por eso mismo, en este momento que antecede al terror, decimos gracias.

La novela Legión de William Peter Blatty, autor de El exorcista, se plantea varias preguntas en torno al origen de la posesión demoniaca. Su protagonista, el teniente Kinderman, reflexiona que si los ángeles son amor en estado puro entonces no podrían haberse convertido en demonios. Llega así a la sospecha de que quizás los supuestos demonios que poseen cuerpos son en realidad almas en pena, muertos que no han podido trascender a otro plano y buscan otra forma de continuar la vida.

En una de las escenas más hermosas del film que vamos a analizar, una Criatura escucha a una mujer leer el famoso Marcos capítulo 5 del Nuevo Testamento.

“Nadie podía atarle, ni aun con cadenas. Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar.  Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos”.

La Criatura que escucha queda conmocionada, tanto que susurra esta última frase como si fuera una revelación personal. Esta Criatura es la despreciada invención del doctor Víctor Frankenstein. Y él también, porque está conformado por varios muertos (como reflexionara el teniente Kiderman), es Legión.

Frankenstein: the true story es un film realizado para la televisión y estrenado en dos partes en el año 1973. Su director es Jack Smight  y sus guionistas Christopher Isherwood, el autor de Adiós a Berlín (libro a partir del cual se adaptaría el famoso musical Cabaret), y  su compañero de toda la vida Don Bachardy.

La Criatura, antes de conocer el desprecio de su creador, es nombrada a partir de un error. Cuando el doctor Frankenstein la contempla por primera vez dice azorado: “Hermoso”. La  Criatura repite ese nombre y entiende que así se llama, sin comprender el verdadero significado del término. Isherwood propone a la novela original de Mary Shelley una original variante sobre el mito del padre inventor y su hijo. Cuando en la obra de Mary Shelley el doctor Frankenstein rechaza a su creación es por una cuestión moral, no soporta el peso de haber reemplazado a Dios realizando lo que ahora entiende como una abominación. En la versión de Isherwood el joven doctor está muy orgulloso de su creación, ya imagina un futuro de gloria y eternidad en la ciencia. El problema comienza cuando descubre que la belleza de su Criatura es temporaria, mientras más tiempo pase, más ese cuerpo antes bello se irá descomponiendo hasta la putrefacción. Así Isherwood sabe realizar una metáfora que no solo critica de manera contundente cierto apego frívolo de algunos sectores homosexuales por el culto a la belleza, sino que además, y por esto la obra es tan provocativa como actual, realiza una feroz denuncia a un mal contemporáneo: el hedonismo ha llegado también a la ciencia, a los intelectuales, a los profesionales del saber. El culto del placer ha destrozado cualquier resguardo moral, todo lo que vale es lo nuevo, lo que se mantiene fresco y nunca pasa de moda. Cuando este ideal se derrumba, comienza la huída del doctor, porque lo único que no soporta el hedonista es la consciencia de la muerte.

Es entonces esta lúcida Frankenstein la versión trágica de The Rocky picture show, musical de Richard O’Brien que tuvo su estreno teatral en 1973 y en cine, con dirección de Jim Sharman, en 1975. Lo que en Rocky está tratado de manera camp -el monstruo es una cita en un universo solo cifrado por citas de cine, pinturas, historieta y rock; la belleza homoerótica es de un mero consumo que no se cuestiona a sí mismo como tal; el humor de la puesta en escena no tiene una crítica hacia ningún lado porque no tiene nada para postular como modelo ideal- en nuestro film está tratado con seriedad y dolor. Donde Rocky solo pretende divertir, Frankestein se propone discutir, sin perder por eso el sentido de la aventura, del suspenso, del miedo y la poesía. Vale destacar que fue el mismo Isherwood quién hiciera público el concepto de “camp”, nombrándolo en su novela El mundo al atardecer. Una temprana mención y advertencia que señala no solo su idea, sino también su límite.

Isherwood además se propone con su obra dramatizar otra verdadera historia, una que queda en el fuera de campo pero tiene suficientes claves como para ser comprendida. Los cuatro personajes principales alrededor de la Criatura, Dr. John Polidori, Dr. Henri Clerval, Dr. Victor Frankenstein y Elizabeth Fanschawe, son en verdad alter egos del doctor y escritor John William Polidori, del poeta Lord Byron, del también poeta Percy Shelley y de su esposa, la gran Mary Shelley. Tanto Elizabeth como Mary sufrieron de manera explícita las turbias pasiones entre los tres hombres, sus celos, sentimientos posesivos y mutuas humillaciones. Isherwood entonces bien expresa como la única mujer con una verdadera moral es la primera víctima del temible trío. Elizabeth pagó con su propia vida. Mary pudo sublimar sus terrores en la figura de un ser creado por los juegos de otros monstruos.

Pero sin lugar a dudas es el personaje del doctor Polidori quién se gana su lugar como verdadero gran villano de esta historia, interpretado por el siempre perfecto James Mason. Polidori aquí es más que un ambicioso doctor. Es en verdad el diablo en persona. No solo por su carácter de constante tentador, sino también por sus enigmáticas e inesperadas apariciones, sus poderes hipnóticos, su extrema crueldad cubierta de una fina ironía, su caracterización a lo diabólico Fu-Manchú y su incapacidad de creación: Polidori, derrumbado por el destino, tiene en sus dos manos incapacitadas el castigo que no le permite dar vida por cuenta propia. Así, el que no puede crear, imita. Y la imitación paródica es el signo del mal.

El doctor Polidori representa al mal no solo dentro de nuestra historia, sino que es la continuación por el fuera de campo de otro villano esencial del género fantástico. En una escena magistral el doctor Polidori contempla como su monstruo femenino, la novia malvada y despectiva de la Criatura, baila en una fiesta para los engañados y fascinados ojos de los invitados. El doctor, lleno de orgullo, se regocija al pensar todo lo que podrá hacer con esa falsa mujer, mientras él mismo se mueve al compás de la música. Esta relación, entre la falsa mujer, el doctor y un público engañado, pone en escena de manera brillante la misma que ocurriera en El hombre de arena de E. T. A. Hoffmann y sus célebres Nataniel, Olimpia y el diabólico engañador Coppola. Logra así el film con esta “novia de Frankestein”, el público que la contempla engañado y ese diablo manipulador, poner en escena la necesidad de la autoconciencia en el cine, fenómeno que durante los setenta comienza a dar sus pasos fundamentales. El film parece señalarlo con el desastre posterior al momento del baile: el público debe tomar consciencia de que el cine es la puesta en juego de un mito anterior, de una historia previa, de una tradición. Es esta la necesaria forma de detener la desgracia, aunque no la tragedia.

Así como gracias a un fragmento de la Biblia la Criatura puede comprender su origen, es por este mismo elemento que presenciamos una de las simetrías más tristes y crueles de esta historia. Elizabeth visita a Victor y este desea demostrarle el gran avance científico que ha logrado con su celoso amigo, el doctor Cleval. Para el horror de su novia resucita una mariposa muerta. Elizabeth, que sabe que esa mariposa solo puede ser un sacrilegio, la mata con el primer libro que encuentra a mano, el cual resulta ser una biblia. Una manera clara de oponer  no tanto religión y ciencia sino tradición y progresismo. Ya en las escenas finales será el despechado doctor Clerval quién asesinará a Elizabeth tomando el control de la Criatura como uno de sus tantos huéspedes, esos que conforman la “Legión” de muertos que son su cuerpo. Las palabras con las que se despide de la mujer antes de estrangularla son: “Pobre Brassolis astyra”, fría manera, despreciable manera, de decir “Pobre mariposa”. El cine, una vez más, con melodramático orgulloso tiende puentes hacia el pasado. Dice mariposa, y suena un jazz, suena un tango, y suena una ópera.

Exacta figura esta de la mariposa para esta verdadera versión de Frankestein. La historia de una belleza sufrida. Una belleza corta, tan breve como todo lo bueno. Una belleza con futuro de ciencia, de catalogo y disección. Belleza con futuro de muerte. Porque Frankestein es la pregunta incómoda sobre cómo el Hombre pasa de ser lo Hermoso a convertirse en Legión, esa otra forma de nombrar a los que son muchos, a los que son muertos.