DOS MUJERES LUEGO DE VER EL CIUDADANO ILUSTRE, DE GASTÓN DUPRAT Y MARIANO COHN / Diego Ezequiel Ávalos

Señora…

Si, ya sé. Te quedaste pasmada.

Y paspada también. Quiero hacerle una pregunta.

No, Oscar no ganó el Óscar. Lamentablemente.

No, es otra cosa.

Te dije que lo de tus vacaciones lo hablamos en diciembre…

No, otra cosa le quiero preguntar. Usted me estuvo diciendo todos estos días: “Esta película es para vos, esta te va a gustar, con esta te tapo la boca”. Ahora, ¿por qué creyó que esta película me iba a gustar tanto?

Y bueno. Por varias razones. Primero y principal porque está hablada en argentino, y eso para alguien como vos siempre es una ventaja.

Usted dice que porque está en mi idioma la tenía que entender.

Y,  a veces me parece que muchas películas que no te gustan es porque no llegás a leer los subtítulos. Y es más fácil criticar que reconocer las incapacidades de uno. No te enojes, te lo digo bien.

Señora, si hay algo que no dudo es que usted siempre dice las cosas bien. Como cuando le abre la puerta a su marido cuando él llega a las cinco de las madruga con perfume a viñedo. Los vecinos deben decir, “¡Cómo grita esa mujer!”, pero yo la escucho desde mi pieza y digo: “Que bien que dice las cosas la señora”.

Qué rica. ¿Sabés qué pasa? Aunque te cueste creerlo, hay familias en las cuales los problemas no se resuelven con la policía de por medio. Por eso mismo también quería que vieras esta película. Es una película que ayuda a conectarse con las raíces. Ojo, con las tuyas eh, no con las mías.

No entiendo.

¡Y! ¡Vos sos de pueblo! ¡Un pueblo minúsculo como el de la película! ¿De dónde eras? Tenía nombre como de factura…

“Suspiro de la encrucijada”. Y a mucha honra.

¡Y viva la patria! ¡Ves! ¡Ves! ¡Tenía razón! Con la autóctona que sos, con lo campestre que sos, con esa transpiración rural que te exuda de los poros, ¿¡cómo no te iba a gustar esta película!?

¿Le digo la verdad? Me pareció horrible.

¡¿Horrible?!

¿Se acuerda cuándo usted se puso a estudiar pintura?

Si, ¿por qué?

Esta película me pareció tan horrible que en un momento me puse a recordarla a usted dando sus primeras pinceladas. Fíjese si me importaba poco.

Yo no te puedo creer que no te haya gustado. ¿Me lo decís en serio? Te aviso para tu vergüenza que tiene muchos premios afuera.

Mientras no los tenga adentro…

¿Cómo adentro?

Que la premien los que nos odian, sería comprensible. Ahora, que la premiemos nosotros sería directamente suicida.

Querida, esta película es una fiesta de lo argentino.

Si usted al servicio de un velorio le agrega sandwichs, también se parece a una fiesta.

Sinceramente no te puedo creer. Te miro y no lo creo. Sos tan obtusa… Escuchame: que a uno lo critiquen no quiere decir que lo odien. Es una película que critica lo argentino. Y un gesto de inteligencia es aceptarlo con comprensión y resignación.

Mi mamá decía que para criticar hay que tener mucho amor y mucha humildad. Y acá señora yo solamente veo odio.

¿Pero en donde ves tanto odio mujer? ¡Parecés una resentida!

¿Usted vio cómo empieza?

Obviamente que sí. En Barcelona.

¿Pero cuál es la primera imagen que muestra?

Un flamenco.  Te digo: esa imagen me dio un escalofrío.

Qué suerte, a mi me dio más como una patada al hígado.

Es una imagen muy poética. Un hombre ve desde la ventana de su mansión un flamenco rosado muerto, sumergido en el agua estancada… ¿No te parece de galería?

Si, de la Chacarita.

Es que no entendiste. Ese hombre, sin saberlo, está mirando su futuro: la decadencia que lo espera, la sutileza de un destino funesto.

Si abría un yogur con fecha de vencimiento  más o menos para el primer gobierno patrio, hubiera sido más sutil. Acá con ese flamenco rosado solamente faltaba que entre un rematador  de cuadros y preguntara, “¿Quién da más?”

Querida mía, cuanta literatura que te falta, Dios mío… Te voy a explicar algo: a los protagonistas de las historias el destino les señala su camino. Me lo explicaron en un curso de literatura, tarot y reiki que hice en Recoleta.

Bueno señora, pero tampoco por eso es que Dios se tenga que poner una oficina de “Guía al turista”.

¿Pero vos no viste la belleza de la imagen?

Creo que esa belleza es una de las cosas que más me molestó.

¿Te molesta la belleza? Ahora entiendo por qué me mirás con esa cara todo el día.

La señora es como el vino: mientras más tiempo pasa más linda se pone. Y usted está muy muy muy pero muy linda.

Gracias. ¿Decías?

A mi esa belleza de la imagen me molestó porque es una belleza de mentira. O mejor dicho, es una belleza que solamente está para molestar, ¿entiende? Fíjese que en las partes en Europa todo es bello: las casas, las conferencias, los paisajes. ¡Hasta los pájaros muertos son lindos! Y acá, en Argentina… todo lo que muestran es feo. Desde la decoración de las confiterías hasta las lagunas que están secas… Es muy obvio señora: ese flamenco muerto está para molestar, para decir algo, que además lo dice tan directo que es para bobos. Y para la señora, por supuesto…

Hay algo que no entendés. La película no muestra la Argentina entera. Muestra un pueblito inmundo, como cualquiera de los miles que hay. Menos el tuyo, por supuesto…

Yo creo que ese pueblito que muestran, para los que hicieron la película, es toda la Argentina. Europa es lo perfecto. Argentina es lo feo.

¿Y Buenos Aires? ¿Buenos Aires es ese pueblito también? ¿A vos te parece que esta es una ciudad fea?

Los que hicieron la película se creen que ellos son Buenos Aires señora. Están convencidos que con su cámara son Buenos Aires. Por suerte ellos solos se lo creen.

A mí me parece que la historia es una buena manera de explorar lo mejor y  lo peor de nuestra sociedad. Un hombre brillante, un artista, vuelve a su tierra después de muchos años. Se fue creyendo que su pueblo era una porquería y regresa con un premio Nobel debajo del brazo. Quiere compartir, quiere abrirse a los demás, ¿y qué encuentra? Violencia, machismo, mentiras, mezquindades y gente brutísima. Ahora, vos decís que eso es mentira, que no es así, que Argentina es un país lindo y justo. Pero decime una cosa, ¿en qué país vivís vos?

Acá señora, ¿adónde más?

¿Y qué? ¿Vas a decir que todo eso no existe? ¿Qué este no es un país de ladrones, de fealdades y de gente muy mal educada?

Si. Lo es. Pero también es un país que hace escritores, películas sobre escritores y público cómo usted que las puede disfrutar. Fíjese que además de feo es un país generoso. Tan generoso que hasta deja que le escupan en la cara y encima aplaude por la buena puntería. Quizás tenga razón señora, y no nos merezcamos más que esta clase de películas.

No, no te vas a ir por la tangente, porque te conozco y sé que me estás dando la razón solamente para no dármela. Seguime vos ahora, escuchame bien y con atención. Quiero hacerte entender lo que no estás entendiendo. La película se llama El ciudadano ilustre, ¿no es cierto?

Si. Pero no vaya tan rápido porque me pierdo.

El centro obviamente en su protagonista. ¿Vamos bien?

Muy bien. Menos mal que usted no está subtitulada, sino le pediría que repita.

Vamos a convenir que este Ciudadano está espléndidamente interpretado por Oscar Martínez, ¿o vas a decir que actúa mal?

No. Hace de un tipo pedante, insoportable, vanidoso y rencoroso. Todo eso le sale muy bien.

Perfecto. Entonces, este buen hombre viene a ser, ¿cómo podríamos decir? Un Ulises moderno. ¿Sabés quién es Ulises?

En “Suspiro de la encrucijada” Ulises era el peluquero para damas del pueblo, había siempre espera para atenderse con él. No creo que estemos hablando del mismo.

Por supuesto que no. Ulises era un héroe griego que tardó años y años en volver a su casa. Gran parte de su vida fue una lucha para retornar con los suyos.

¿Y cuándo vuelve que hace? ¿Les prende fuego, los insulta y se les burla?

¡Por supuesto que no! ¡Ama a su tierra!

Entonces el protagonista de la película no es Ulises… A no ser que… ¡Claro! Usted quiere decir que para este Ulises su patria es Barcelona. Sale de Barcelona, corre peligros en la tierra de los indios salvajes, y vuelve a casa, donde es recibido otra vez como si fuera un héroe. Está bien eso señora, tiene razón.

No me cambies el sentido de lo que te quise decir.

¡Yo no le cambié nada señora! ¿Le entendí mal?

El ciudadano ilustre ama a su país. Por eso vuelve.

No señora. Ni él ni los que hicieron la película aman este país. Fíjese sino como filman el pueblo. ¿No vio que todas las calles son feas, que todas las cosas están mostradas cómo con asco, que todo es triste y depresivo? Hasta las charlas las filmaron así. Parecen fotos de casamiento, todos juntos alrededor de la mesa, la imagen que ni si mueve, todo bien cuadrado y feo y hablado… ¡Es triste! Yo creo que nunca vi una película que muestre de manera tan fea y cuadrada al país.

Es la realidad del interior.

Si usted mira las cosas parada arriba de sus pies, se ve de una manera; si usted las mira haciendo la vertical, se ven de otra. Las cosas son las mismas, todo depende de cómo se ponga para verlas. Yo no digo que no haya cosas feas en el interior. Cuando quiera le presento a mi prima Olga. Lo que digo es que esta película lo único que hace es dividir: Argentina es fea. Europa es linda. Y eso señora, es jugar sucio.

Yo creo que en el interior está lleno de gente como las que muestra la película. Y también estás vos, que quizás un día también ganes un Nobel.

Pero señora, le aseguro que por más brutos que seamos, no vamos a mandar al peor remís a recibir a alguien importante, justo el auto más sucio y roto posible. Ni que tampoco el remisero, por más bruto que sea, va a hacer sus necesidades delante de una persona. Es feo pensar así de la gente señora, además que es irreal. ¡Fíjese lo que son las otras personas del pueblo! Los que van a las conferencia del escritor cada día son menos, como si solamente hubieran ido de cholulos. Si alguien hace un poco de arte o es un fracasado o un comerciante: las pinturas del pueblo son todas feas, o el gaucho que baila y después pide la propina. O peor, el padre que especula con el hijo discapacitado. O el bobo que lo persigue al Ciudadano para que coma ravioles de seso. O la gente que no le habla y lo persigue con el celular. ¡Era el pueblo de los muertos vivos! Señora, le juro que los puebles no son así, se lo juro por Dios.

El chico del hotel es distinto, ahí tenés. Él se salva.

Si. Porque toma como maestro al Ciudadano ilustrado. Y porque encima promete que se va a ir de ahí, porque para la gente como el autor y el chico ese pueblo es la tumba, y Argentina el cementerio. ¿Qué país puede caminar odiando a la madre señora? ¿Además se dio cuenta que todos los brutos y feos eran católicos? Tienen cruces y vírgenes por todos lados, pintan al papa…

Un artista tiene derecho a criticar a los católicos por más que a vos no te guste.

¡Yo no digo que no nos critiquen! ¡Pero por lo menos que nos muestre, sino ni siquiera es justo! ¡Nunca aparece ni un cura, ni una monja! ¿Qué clase de pueblo es ese? ¿Le parece real? Si vamos a ser reales, seamos reales con la realidad entera señora. Lo único real de esa película es cuando le convidan mate en la vereda al Ciudadano. Si la película hubiera tenido ese equilibrio su crítica sería justa, pero no la tiene, y por eso no dice nada que sea inteligente.

Es una sátira, no la entendiste. La cosa es burlarse de los defectos propios para así después  mejorar.

Cuando invento a un rengo solamente para burlarme no sé si tengo demasiado talento. Dígame la verdad, ¿usted cree que mi cuarto es sucio, desarreglado y feo?

No puedo decir que seas una desprolija.

Imagínese entonces que yo, siendo bruta y pobre como soy, entiendo que planchado, limpio y  prolijo, las pocas cosas que una tiene se lucen más. ¿Entonces cómo puede ser que en el programa de televisión del pueblo donde entrevistan al Ciudadano Nobel vayan a poner vasos de vidrio de distinto tipo? Y hasta le hacen la entrevista de perfil, como si ni siquiera supieran como se hace eso, ni siquiera vieron televisión en su vida. No señora, una cosa es criticar para mejorar y otra cosa es destrozar solamente para ver destruido.

Yo creo que le estás dando demasiada importancia al asunto del pueblo y la película no se llama El pueblo ilustre. Se llama El ciudadano ilustre. Porque él es el centro, él es el importante. Él también es un héroe, como Ulises. El se había ido cuando era joven de un lugar que no le dio posibilidades, que no le dio nada…

Solamente le enseñó a escribir y leer, seguramente gratis. Y lo mucho o poco que ellos le pudieron dar, él  después lo usa para insultarlos, pero no gratis, porque encima les cobra…

¿Me dejás seguir? El pueblo no le dio nada. Y él, desde lejos, tiene la generosidad de volver, de tratar de comprenderlos, de ser uno más de ellos. Y desde que llega lo único que recibe son insultos y tiroteos, ¿a vos eso te parece civilizado?

A mí me parece incivilizado haberlo invitado con la manera en que él los trató siempre. ¿Usted sabe lo orgullosos que son en los pueblos? A mí me parece que esta gente que hizo la película odia cosas que ni siquiera conoce. La vida no se aprende en un fin de semana en auto señora.

Lo importante es que él regresa, lo intenta, toma valor y se enfrenta. Como todo héroe.

¿Pero usted realmente cree que vuelve para reconciliarse? ¿A usted no le parece que tiene el mismo odio que tenía como cuando era joven? A mí me parece que un héroe es valeroso cuando se enfrenta primero consigo mismo. Si yo voy a perdonar, no puedo llegar con desprecio. Eso más que de héroe, parece de cobarde. O de cínico, que es peor.

El solo valora lo que realmente es importante. El chico que escribe. El recuerdo de su madre. Y todas las nuevas historias que se lleva para seguir escribiendo.

Claro, los odia tanto que toda la vida va a escribir sobre ellos. Y de paso factura. Que fácil que parece la vida de los escritores en Francia.

Barcelona es en España. En Cataluña, mejor dicho.

Perdón. Me confundí. Por ahí los que hicieron la película también se confundieron. Y sabe, lo de la visita a la tumba de la madre a mí también me llamó la atención.

Es un momento hermoso. Se lleva una flor y esa flor se la pone en el ojal cuando vuelve a sacar una nueva novela.

Si. Pero yo pensaba: va al cementerio y se lleva una flor. Pero no lleva flores para sus muertos. Es raro. ¿Usted cómo le diría a alguien que arranca una flor  de un cementerio pero no deja ninguna?

No vas a lograr que diga “miserable”. Olvidate.

Señora, yo no esperaba eso de usted. Ya le dije: solo se critica con humildad y amor.

Igual vos hablás mucho y al final sos como el Ciudadano, igualita.

¿Yo?

Si. Te fuiste de tu pueblo y no volviste más. Estás acá y vivís mejor que nunca. Y siempre que te escuchó estás diciendo todo lo que no te gustaba de la vida de allá, porque no digas que no te reís. Yo te escuché, ¿o no?

Tiene razón señora. ¿Pero sabe cuál es la diferencia? Que yo me río de los de allá y también de los de acá. Y yo los amo a los de acá, pero también a los de allá. A pesar de todo, los sigo amando. Seguramente como su Ulises señora, que extrañaba y amaba. Y no llegaba y agradecía el todavía no estar llegando.