“EL HOMBRE EQUIVOCADO”. LOS NOMBRES DE BALESTRERO / Ángel Faretta

Basado –como el propio autor presenta, y por única vez, en los créditos del film– en un caso real, El hombre equivocado lleva el nombre de Christopher Emmanuel Balestrero y es conocido familiarmente como “Manny”.

Estamos seguros que Hitchcock decidió filmar por primera vez una obra basada en un “caso real” en cuanto dio con el nombre y los nombres del agonista. Christopher (es decir Cristóbal) es el portador (feros) de Cristo; siendo Emanuel (“Dios con nosotros”) uno de los apelativos hebreos de la figura de Jesús. De allí que esa fascinación por el martirio o tentación por un martirio –en su caso inútil- esté fijado en la letra del agonista. Que sin embargo es reducido su doble y complejo nombre familiarmente en “Manny”, y cuando la policía lo cerca en la puerta de su casa es a su vez reducido sintéticamente en “Chris”. Esto dicho en fuera de campo sonoro y mientras en plano medio Hitchcock encuadra la espalda de Balestrero.

Este “mani(y)” es el pequeño hombre suburbano, con su trabajo fijo, y emblematizado aquí por su posición secundaria en la propia orquesta de jazz, en la que ejecuta el contrabajo. Aunque teniendo presente que este instrumento de cuerdas forma ¿o formaba? parte del llamado “bajo continuo” creado en el barroco y mantenido modo sui en la formación musical contemporánea.

Su lateralidad lo lleva al pequeño vicio del azar; de jugar con él. Simulando que sólo lo hace apostando como un juego mental a las carreras de caballo, como simple hobby (aquí tenemos otra práctica del hobby, como Norman, Jeff, Scottie refiriéndose al ingeniero que en sus ratos libres diseña sostenes femeninos…), derivado de su conocimiento matemático por su formación musical; tal cual se lo expresa a uno de sus hijos.

Sin embargo, Manny miente y juega dinero (Money=mani) a los caballos, aunque apostando pequeñas cifras. Claro que esto se verá en su contra cuando todo sea juzgado ciegamente por la ley policial…

Así, este pequeño hombre que es también Cristo-feros y Emanuel, es el buen y callado esposo y padre, hijo cariñoso y demás; aunque falto de money. Pero en una al parecer plácida o gris –según se vea–rutina diaria. Manny no parece tener o mostrar rasgos diferenciales (la habitualmente plácida máscara de Henry Fonda se presta a la perfección para eso).

Su posición de descendiente de italianos, católico, músico en lujosos clubs nocturnos (a los que le está vedado asistir como cliente o consumidor, según él mismo declara), lo hace todavía más especial. Tal vez esa sea su diferencia, su marca sin figuración externa: cicatriz, corte de pelo, bigote o barba o extravagancia en el vestir y expresarse. Sólo su pequeño vicio diario cabe al azar.

Manny es mirado y petrificado por su pequeñez, su falta de exteriorización, su participación sin mácula en “la muchedumbre solitaria”. Los inquietantes títulos de crédito, con un clima de pecera o de acuario en lo que debería ser una noche de jolgorio en un cabaret de lujo. El score de Herrmann aquí monocorde y disonante, nos introduce desde el vamos en una suerte de in media res paranormal, vemos ese pezzo di storia contemporánea como figuras de un extraño museo viviente, una especie de tableau vivant o viñeta que apenas parece estar en movimiento a una escala particular…

El propio final con su toma neutra, de una playa semitropical, tomada en forma abierta lo que fue topos cerrado en los credits, cierra circular y simétricamente este espacio donde es nuestra mirada a lo que se le ha dejado entrever un mundo a escala, filmado como algo remoto, distante. Han dejado de existir para su autor, parecen fundirse bajo el sol como soportes de ficciones efímeras.

Ya hemos visto en otro estudio, la existencia en el disegno de este film de los limbos y espacios vacíos que se exponen en su desarrollo. En especial cuando el matrimonio Balestrero inicia una suerte de busca entre absurda y desesperada de los borrosos testigos posibles de la permanencia de Manny en un lugar veraniego tiempo atrás. Esa permanencia, testificada por uno o varios de ellos desmontaría o, mejor dicho, probaría ese rol de wrong man.

Las muertes o directamente desaparición de varios de los testigos se suceden, así como la descripción de lugares vacíos; como ese recreo visto bajo su vacío invernal. La reconstrucción que ambos realizan in mente de detalles físicos mínimos de tales testigos puede llevar a pensar que han existido sólo en su recuerdo impreciso…

Una vez más tenemos aquí la mirada interior de los personajes (que implica la memoria) dentro de la mirada mayor o totalizadora nuestra como espectadores. En los films de Hitchcock no hay protagonistas, sólo espectadores. Más aún, el espectador es el protagonista, el único héroe posible de todos o de la mayor parte de sus films.

 

Fragmento de “Hitchcock en obra” próximo a ser editado por “A Sala Llena”.