¿QUÉ ES EL TIEMPO? / Melina Cherro

Este texto está dedicado a Juan Pablo Young,
quién me enseñó a leer a San Agustín.
Y a mis dos compañeros y amigos.

En la mesa hay una botella de vino, tres copas y unos platos con algún resto de comida. Maestro, Iniciado y Neófita se han reclinado sobre sus sillas, con la satisfacción de una buena comida y ese silencio que solo se permiten los buenos amigos en confianza.

INICIADO: Maestro, usted cada día cocina mejor.

MAESTRO: Me alegra que hayan disfrutado de la cena.

INICIADO: El postre estaba delicioso.

MAESTRO: Sí, que se repita por favor esa tarta de peras.

NEÓFITA: Disfruten de esta que todavía quedan dos porciones. La verdad es que cocinar me lleva mucho tiempo. Con ustedes hago una excepción.

MAESTRO: Bueno mi querida, ya lo sabés, dedicarle tiempo a la cocina es parte también de lo nuestro.

NEÓFITA: Es cierto, cuando logro hacerme un rato, es un placer cocinar. Pero la verdad es que ando a las corridas.

INICIADO: Yo no cocino nada. Me hago algo rápido para sacármelo de encima. Tampoco me alcanza el tiempo.

MAESTRO: Estimado, me parece que no está alimentando bien su espíritu.

INICIADO: Maestro, no se puede todo. Estudio mucho, escribo. Pero igual no me alcanza el tiempo.

NEOFITA: A mí tampoco me alcanza el tiempo. Es que a veces es muy difícil. Escribo un párrafo y me distraigo. Escribo otro párrafo, y me vuelvo a distraer.

MAESTRO: Ahí está el problema. Las distracciones. ¿Con qué se distrae, a ver?

NEÓFITA (avergonzada). Bueno, es que a veces me ocupan las cuestiones salteñas.

INICIADO: Sí, las empanadas. Hay determinadas cosas que uno no puede dejar pasar.

MAESTRO: Insisto en que si escribimos sobre estas cosas les damos más importancia de la que en verdad tienen. No pueden perder el tiempo con todo aquello. Creo que ignorar es nuestra mejor opción.

NEÓFITA: Pero maestro, es nuestro deber poner ciertas cosas en orden.

MAESTRO: Yo más bien diría que no están eligiendo bien. Si escribimos a cerca de las diversas formas de la comida, debiera ser sobre recetas que conduzcan a los secretos que la comida tiene; a eso misterioso; a eso que nos une con nuestra tradición.

NEÓFITA: Tiene razón maestro. Me siento mucho más a gusto cuando pienso en los aromas guardados de la cristalera de mi abuela, que en las empanadas de provincias que apenas conozco.

INICIADO: Son las abuelas, las tías, las que nos conectan con aquello verdadero que tenemos. Lo que debe ser esa cristalera.

NEÓFITA: Cuando la abro, todavía persisten los olores de las especias que mi abuela guardaba. Y esos olores me traen de vuelta aquél tiempo, ese en el que vivía mi abuela y yo era chiquita e iba a su casa. Me vuelvo a sentar en su cocina.

INICIADO: Esa es una buena forma de usar el tiempo.

MAESTRO: Siempre que no caigamos en un constante estar en un tiempo pasado. Tenemos que saber usar el tiempo para nuestra tarea.

NEÓFITA: Definitivamente el tiempo es un problema. Nunca me alcanza, o porque estoy haciendo algo que no debo. O pensando en otro tiempo.

INICIADO: Pensando en todo lo que tenemos que hacer. Pareciera que no vamos a llegar nunca.

MESTRO: Podríamos decir que vivimos abrumados por el tiempo.

NEÓFITA: ¡Sí Maestro! Qué problema que es el tiempo.

MAESTRO: Sí, el tiempo es un problema para todos nosotros. Quizá desde el comienzo de nuestra historia occidental. En tren de confesiones, yo también he perdido el tiempo, a veces.

INICIADO: Maestro, con todo lo que usted escribe y lo que nos enseña.

NEÓFITA: No puedo imaginarlo perdiendo el tiempo.

MAESTRO: Nadie es perfecto. De todos modos, como les decía, el problema del tiempo no es solamente nuestro. San Agustín sin ir más lejos, dedicó todo un libro de sus “Confesiones” al problema del tiempo.

INICIADO: Si leer sus “Confesiones” no te vuelve creyente es que tenés el alma hecha de piedra, vacía de pasión.

MAESTRO: Tal cual, mi querido.

NEÓFITA: Es que san Agustín expone su alma atormentada de preguntas. Y escribe hablando con Dios.

MAESTRO: A medida que escribe encuentra respuestas. Su escritura es una especie de meditación, al leerlo entramos en ese tiempo mental de San Agustín. No sé verdaderamente si escribía atormentado. Sus Confesiones son un repaso por los primeros cuarenta años de su vida, que sí fueron tormentosos. Pero Agustín escribe con la paz de haber llegado. Sabe que Dios lo escucha y lo ayuda en sus pensamientos.

NEÓFITA: Por eso sus párrafos son de una poesía hermosa.

INICIADO: ¿Era ya obispo de Hipona en esa época?

MAESTRO: Queridos míos, vamos a quitarnos esta pereza de la sobre mesa. Basta de perder el tiempo, tenemos mucho que hacer.

INICIADO: ¿A dónde vamos?

NEÓFITA: Bienvenido amigo mío. Las cenas con el Maestro son un viaje, y esto recién empieza.

Los tres se trasladan a Hipona, circa 395 después de Cristo.Frente al mar, caminan lentamente por un sendero paralelo a la costa.

INICIADO: No puedo creerlo, hemos viajado en el tiempo.

MAESTRO: Con fe todo es posible, mi estimado.

NEÓFITA: ¿Dónde estamos, Maestro?

MAESTRO: Estamos en Hipona, alrededor del año 395 después de Cristo. Esta es la ciudad en donde San Agustín vivió gran parte de su vida, fue obispo y escribió aquí, en esta bella ciudad portuaria, gran parte de su obra.

NEÓFITA: ¿Podemos bajar a la playa y pasear por el puerto?

MAESTRO: No podemos perder mucho tiempo, recuerden que vinimos aquí a acompañar a San Agustín en sus cavilaciones.

INICIADO: Maestro, pero si tenemos tiempo… el tiempo…

NEÓFITA: Eso mismo. ¿Qué es el tiempo?

INICIADO: El tiempo es… el tiempo. La verdad es que no tengo ni la menor idea de cómo explicarlo.

MAESTRO: Excelente, para eso hemos venido. Quizá ir hasta la playa  sea después de todo, una buena idea.

El cielo plomizo se alza sobre el puerto. Los barcos se mueven acompasados por las olas del Mediterráneo. Por la costa, descalzo y vestido con una larga toga se acerca un hombre de unos cuarenta años, de pelo cobrizo y levemente enrulado, con una barba incipiente que le enmarca la cara. El hombre habla solo y gesticula con sus brazos alternando miradas al mar, al cielo y a la tierra.

NEÓFITA: Maestro, ese hombre que viene ahí…

INICIADO: Parece que está un poco loco, habla solo.

MAESTRO: Hagamos silencio, acerquémonos un poco hasta él. Afortunadamente, o quizá no tanto, no puede vernos.

EL HOMBRE: Pero, ¿cómo fue esa palabra con la que creaste al mundo? Fue acaso como aquella voz con la que desde el fondo de una nube dijiste: “Este es mi hijo amado, escúchenlo”.

NEÓFITA: ¡Maestro, es San Agustín!

MAESTRO: El mismo.

NEÓFITA: Que hermosas palabras, y como mira. Pero verdaderamente, no llego a comprender. Explíquenme por favor.

INICIADO: Si mal no entiendo se refiere a algún momento en el que Dios señaló a Jesús como su hijo, para que los hombres y las mujeres lo sigan; aprendan y continúen sus enseñanzas.

MAESTRO: Exactamente. Pero también habla del problema de la creación. Más específicamente de ese tiempo. Porque a lo largo de todo su Libro Once o Undécimo San Agustín se pregunta a cerca del tiempo. Primero respecto a la creación. ¿Cuál fue el tiempo en el que Dios creó al mundo? San Agustín piensa, se pregunta y se responde al respecto. Entiende que Dios creó al tiempo a la vez que creó al cielo y a la tierra. Pero me estoy adelantando. Escuchemos.

SAN AGUSTÍN*: Pero esa voz vino y pasó, comenzó y terminó; las sílabas sonaron y se desvanecieron, la segunda detrás de la primera, la tercera después de la segunda, y así todas las demás, por orden; y acabada la última sobrevino el silencio. De lo cual aparece bien por lo claro que allí hubo el ministerio de una criatura tuya temporal que estuvo al servicio de tu eterna voluntad.

INICIADO: Es maravilloso.San Agustín nos explica algo fundamental: la diferencia entre el tiempo de Dios y el tiempo humano, es decir la eternidad y el tiempo que ocurre. ¿Cómo contraponer esas dos formas del tiempo posibles? El tiempo humano pasa en orden igual que las sílabas de la palabra de la creación. En cambio el tiempo del creador es el tiempo eterno.

NEÓFITA: Y el silencio es parte de lo eterno. Porque el silencio no tiene un orden. Lo que ordena, es decir, lo que nos da el tiempo es el sonido, es la palabra. Es algo que empieza y termina.

INICIADO: Como la vida humana. Podría resumirse en esa descripción que hace de las sílabas.

MAESTRO: Excelente. Así es. Agustín entiende que para que haya una creación tiene que haber otro tiempo. Ese tiempo eterno que coexiste al tiempo nuestro. El tiempo eterno es inmutable, es silencio. En cambio el tiempo de la creación, el tiempo humano, tiene sílabas, tiene partes, tiene sonidos. Tiene comienzo y tiene final. Es decir, tiene representación.

NEÓFITA: Me pregunto si esa criatura temporal a la que se refiere, no podría ser de alguna manera el mismo Cronos.

MAESTRO: Podría ser, claro está. Recordemos que el cristianismo no ignora las creencias anteriores, no las tacha ni elimina. Muy por el contrario, las entiende como configuraciones previas a su propia teología. Es decir, entiende que los dioses griegos y romanos, por ejemplo, son manifestaciones previas de Dios, del verdadero. El nuestro. Entonces, no sería de extrañar que San Agustín entienda esto e incorpore el mitologema de Cronos de esta manera; como una criatura destinada a otorgarnos el tiempo, a través del designio de Dios.

Neófita e Iniciado escuchan absortos al Maestro. San Agustín se aleja por la playa, gesticulando y mirando al cielo, que sigue nublado y plomizo, al igual que el mar.

INICIADO: Se aleja. ¡Sigámoslo!

MAESTRO: No hay apuro. Aquí y ahora, nuestro tiempo es eterno.

La playa se desvanece. Ahora los tres están en una habitación en penumbras, el frío atardecer  entra por una alta ventana. Es una celda de piedras, apenas iluminada por la luz cálida de una vela. Agustín escribe en su pequeño escritorio de madera. Murmura, parece un rezo, y vuelve a escribir.

NEÓFITA: Es verdad Maestro, no se lo ve atormentado. Escribe con regocijo.

MESTRO: Claro que sí. Su escritura es apasionada, porque sabe de Dios y de su existencia. Agustín entiende al mundo y al origen de las cosas, y confía en sus preguntas porque Dios en su silencio eterno le va dando respuestas.

INICIADO: Escribe entonces con pasión porque está lleno de un amor incontenible y desbordado. Es el amor de Dios a hacia su creación. Y Agustín así lo entiende.

MAESTRO: Exactamente. A medida que escribe, que repasa su vida, que sufre por las penas y amarguras pasadas, por el desconcierto; siente un profundo consuelo. Y ese consuelo le despierta amor y luego pasión. Porque allí descubre respuestas, respuestas para los hombres y las mujeres a la pregunta central. A la pregunta sobre nuestra creación.

NEÓFITA: Muy bien, si. ¿Pero y el tiempo? ¿Qué respuesta nos da a todo nuestro problema del tiempo?

INICIADO: Si hay una respuesta clara, es que él no pierde el tiempo. Escribe sin parar. No se cómo hace.

MAESTRO: Es que tiene de su lado al Eterno. Pero, ¡silencio! Habla…

SAN AGUSTÍN: Quienes así hablan, todavía no te entienden, ¡oh sabiduría de Dios, luz de las mentes!; todavía no entienden cómo se hagan las cosas que son hechas en ti y por ti, y se empeñan por saber las cosas eternas; pero su corazón revolotea aún sobre los movimientos pretéritos y futuros de las cosas y es aún vano. ¿Quién podrá detenerle y fijarle, para que se detenga un poco y capte por un momento el resplandor de la eternidad, que siempre permanece, y la compare con los tiempos, que nunca permanecen, y vea que es incomparable, y que el tiempo largo no se hace largo sino por muchos movimientos que pasan y que no pueden coexistir a la vez, y que en la eternidad, al contrario, no pasa nada, sino que todo es presente, al revés del tiempo, que no puede existir todo él presente; y vea, finalmente, que todo pretérito es empujado por el futuro, y que todo futuro está precedido de un pretérito, y todo lo pretérito y futuro es creado y transcurre por lo que es siempre presente? ¿Quién podrá detener, repito, el corazón del hombre para que se pare y vea cómo, estando fija, dicta los tiempos futuros y pretéritos la eternidad, que no es futura ni pretérita? ¿Acaso puede realizar esto mi mano o puede obrar cosa tan extraordinaria la mano de mi boca sirviéndose de sus palabras?

NEÓFITA: ¿Por qué se enojó? Tiene furia en sus ojos.

INICIADO: No es furia, es esa pasión. Le está respondiendo a los que cuestionan la eternidad de Dios. A la posibilidad del tiempo eterno. Porque quienes cuestionan dicen que Dios en el momento de la creación realizó una variación y en esa variación se modifica lo eterno.

NEÓFITA: ¿Es una forma de negar la existencia de Dios?

MAESTRO:Tal cual. Es por eso que San Agustín sostiene que lo eterno es siempre tiempo presente. Porque el tiempo de la creación no tiene medida; es decir, siempre es simbólico. Recordemos que en la Biblia se dice “al séptimo día descansó” pero sabemos que esos siete días son simbólicos, porque el tiempo de la creación es inconmensurable. Y en ese sentido reside lo eterno e inmodificable. Porque Dios siempre permanece en su forma de creador continuo que a su vez observa y sabe.

INICIADO: Pero entonces, ¿cómo se define al tiempo? Porque si el presente es empujado por el futuro y pasa a ser pasado; entonces, ¿cuándo es tiempo presente?

MAESTRO: San Agustín va a escribir ahora mismo que en realidad nunca hay tiempo presente, porque en el momento en el que lo experimentamos ya pasó. Estamos a la espera del futuro, que se vuelve presente y en ese mismo instante ya pasó y es parte del pasado.

NEÓFITA: El tiempo se escurre como arena en la mano.

MAESTRO: Sí, pero escuchemos. Porque Agustín no lo deja ahí.

Un suave viento entra por la ventana, la luz de la vela zozobra suavemente. Agustín mira por la ventana y sonríe.

SAN AGUSTÍN: No hubo, pues, tiempo alguno en que tú no hicieses nada, puesto que el mismo tiempo es obra tuya. Pero ningún tiempo te puede ser coeterno, porque tú eres permanente, y éste, si permaneciese, no sería tiempo. ¿Qué es, pues, el tiempo? ¿Quién podrá explicar esto fácil y brevemente? ¿Quién podrá comprenderlo con el pensamiento, para hablar luego de él? Y, sin embargo, ¿qué cosa más familiar y conocida mentamos en nuestras conversaciones que el tiempo? Y cuando hablamos de él, sabemos sin duda qué es, como sabemos o entendemos lo que es cuando lo oímos pronunciar a otro. ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es él y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo decimos que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser?

INICIADO: “Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”. Es exactamente lo que digo. Este hombre es un genio.

NEÓFITA: Entonces, si el futuro es futuro pero se hace presente cuando ocurre y una vez que ocurre ya no es ni futuro ni presente sino que es pasado, pero el pasado ya pasó; es decir ya no está.

INICIADO: ¿Es que acaso, entonces, el tiempo no existe?  Porque, ¿cómo podemos decir que algo existe si no lo podemos medir?

NEÓFITA: Sí que existe, porque lo experimentamos, pero no podemos decir que el tiempo es pasado, es presente y es futuro, porque ninguna de esas formas son en verdad tangibles.

INICIADO: El tiempo es tangible en tanto y en cuanto lo experimentamos. Por que en tal caso, ¿qué es lo tangible? ¿Un almanaque? ¿Un reloj? ¿La noche? ¿El día? Nada de eso es en realidad tangible, y lo que es tangible lo es por material y no por temporal.

MAESTRO: Bueno, a ver. Los dos tienen algo de razón y los dos también se equivocan. Pensemos que los seres humanos nos hemos pasado la vida intentando capturar al tiempo. Desde los relojes hasta las fantasías de viajes en el tiempo.

INICIADO: Las pinturas, la fotografía, el arte son formas de capturar al tiempo de alguna manera.

NEÓFITA: Sí, es verdad. Y aquellas obras que permaneces en el tiempo son como una forma de reconfigurar la eternidad. Porque esa obra ya fue realizada, en un tiempo pasado. Supongamos un cuadro.

INICIADO: El tiempo en que fue pintado, el tiempo en el que alguien lo admira y el futuro de esa obra, que seguirá existiendo.

MAESTRO: Rafael será eterno en su Escuela de Atenas y Homero con su Odisea.

INICIADO: Y san Agustín con sus Confesiones. El arte entonces es una de las maneras que los humanos tenemos de comprender eso que San Agustín define como eternidad. Es la forma que tenemos los humanos de acercarnos a lo divino.

MAESTRO: Exactamente. Es a través del arte que podemos acercarnos a lo sagrado. Lo hemos dicho muchas veces. Y es el arte y su forma temporal la que nos trae la posibilidad de experimentar ese presente eterno en el cual vive Dios, nuestro creador.

NEÓFITA: Parece que esto no termina acá. Escuchemos, porque sigue escribiendo.

San Agustín camina hacia la ventana. Se detiene un instante a mirar, es una noche oscura, el viento frío le hiela los labios, cierra la ventana rapidamente y vuelve a su pequeño escritorio. La vela se consume paulatinamente y aún así, ilumina.

SAN AGUSTÍN: Pregunto yo, Padre, no afirmo: ¡oh Dios mío!, presídeme y gobiérname. ¿Quién hay que me diga que no son tres los tiempos, como aprendimos de niños y enseñamos a los niños: pretérito, presente y futuro, sino solamente presente, por no existir aquellos dos? ¿Acaso también existen éstos, pero como procediendo de un sitio oculto cuando de futuro se hace presenteo retirándose a un lugar oculto cuando de presente se hace pretérito?

Porque si aun no son, ¿dónde los vieron los que predijeron cosas futuras?; porque en modo alguno puede ser visto lo que no es. Y los que narran cosas pasadas no narraran cosas verdaderas, ciertamente, si no viesen aquéllas con el alma, las cuales, si fuesen nada, no podrían ser vistas de ningún modo. Luego existen las cosas futuras y las pretéritas.

INICIADO: Es muy hermoso lo que dice. Vean, que va a seguir intentando entender lo qué es el tiempo, sin negar que hay algo –eso oculto a lo que se refiere- que que va a seguir siendo misterioso e inefable.

NEÓFITA: Porque entiende que el tiempo, en la medida en que es parte de la creación, es misterioso. Porque es tan maravilloso…

MAESTRO: En realidad es fantástico. Dicho de aquella manera el tiempo se configura como una otredad. Algo que nos invade o acecha desde las sombras. Algo que presentimos, pero que por más que lo intentenmos no podemos doblegar.

NEÓFITA: Es verdad. Si. Es fantástico. Y en la medida en que es fantástico, es misterioso e inexplicable.

INICIADO: Y sin embargo, a pesar de eso avanza. Porque ahora es más complejo.

NEÓFITA: Entonces si todo es predestinación y recuerdo, y el presente es una cosa que se convierte en la otra; el presente no existe. Nunca es tiempo presente.

INICIADO: Si el futuro es lo que esperamos y el pasado es lo que recordamos y el presente nunca es presente porque pasa de futuro a pasado y entonces… Creo que estamos indefinidamente atrapados en un laberinto.

MAESTRO: Un laberinto del que gracias a Dios podemos salir porque lo tenemos a Agustín de nuestro lado.

De pronto una ráfaga de viento entrechoca los postigos, toda la habitación se ilumina momentáneamente con un relámpago que ilumina el rostro de San Agustín. El hombre, emocionado, levanta la vista hacia la ventana a través de la cual puede verse una lluvia se descuelga inesperadamente y San Agustín retoma su escritura. Su pluma se mueve velozmente.

SAN AGUSTÍN: Pero lo que ahora es claro y manifiesto es que no existen los pretéritos ni los futuros, ni se puede decir con propiedad que son tres los tiempos: pretérito, presente y futuro; sino que tal vez sería más propio decir que los tiempos son tres: presente de las cosas pasadas, presente de las cosas presentes y presente de las futuras. Porque éstas son tres cosas que existen de algún modo en el alma, y fuera de ella yo no veo que existan: presente de cosas pasadas (la memoria), presente de cosas presentes (visión) y presente de cosas futuras (expectación).

Si me es permitido hablar así, veo ya los tres tiempos y confieso que los tres existen.Puede decirse también que son tres los tiempos: presente, pasado y futuro, como abusivamente dice la costumbre; dígase así, que yo no curo de ello, ni me opongo, ni lo reprendo; con tal que se entienda lo que se dice y no se tome por ya existente lo que está por venir ni lo que es ya pasado. Porque pocas son las cosas que hablamos con propiedad, muchas las que decimos de modo impropio, pero que se sabe lo que queremos decir con ellas.

MAESTRO: Es realmente brillante. Pensemos que nuestra tarea diaria es llamar la atención sobre el uso tan errado de ciertos términos. Es una tragedia pensar que ya en su época este hombre, este santo, tuvo que pelear contra las imprecisiones y usos perversos de nuestro lenguaje.

INICIADO: Pero gracias a Dios lo tenemos de nuestro lado.

MAESTRO: Así es. Pero sigamos. Porque además de su precisión, acaba de mostrarnos la salida del laberinto.

NEÓFITA: Entonces siempre es tiempo presente, pero no es el presente eterno de Dios. Porque a diferencia de él, nosotros experimentamos el tiempo. Y esa experiencia es  la experiencia del alma.

MAESTRO: Exactamente. Si los tres tiempos son en verdad siempre presentes, y San Agustín nos propone espera, visión y memoria; porque cuando esperamos que algo ocurra lo imaginamos. Y en ese imaginar vemos lo que podría ocurrir y en ese momento esa imaginación se vuelve presente.

INICIADO: Y si el pasado es la memoria, se vuelve presente en el momento en el que recordamos. Porque la experiencia de recordar es tan vívida que por el instante en el que el recuerdo gobierna es tan intensa su experiencia que vuelve a ocurrir.

NEÓFITA: Y el presente es la visión, porque nuestros ojos miran y en la medida que miran experimentan eso que está ocurriendo. ¡Maestro esto es maravilloso!

MAESTRO: Hablemos correctamente mi querida. Esto es fantástico.

NEÓFITA: Tiene razón Maestro. Disculpe. Fantástico.

MAESTRO: Bien. Pensemos además que la forma en que San Agustín describe nuestra experiencia del tiempo, es sin más, la descripción exacta de cómo funciona el alma humana. Nuestra capacidad de esperar algo o nuestra capacidad de recordar son aquellos actos que nos conmueven, que nos hacen seres complejos y trágicos. Porque en el momento en el que recordamos, entendemos que eso ya ocurrió y que no puede volver a pasar, y sin embargo, ocurre una vez más en la medida del recuerdo.

INICIADO: Y porque cuando esperamos e imaginamos aquello que nos gustaría que ocurra se produce esa tensión entre las posibilidades reales de que eso ocurra, lo que podemos controlar y lo que no. El límite una vez más, lo trágico.

MAESTRO: Excelente, querido amigo.

NEÓFITA: Entonces en la experiencia del tiempo se pone en juego una vez más aquél conflicto entre destino y libre albedrío. Entre la libertad y el límite. Entre lo humano y lo extraterreno.

MAESTRO: Tal cual. Es así. Y San Agustín lo sabe. El tiempo es algo incontrolable, imposible de ser medido o manipulado, más allá de la experiencia del alma humana.

INICIADO: Pero Maestro. Ahora que lo pienso, hay una forma en que los humanos encontramos para manipular el tiempo. Para hacer funcionar la espera y el recuerdo, y la visión. Y hacer que las emociones estallen, dejándose llevar por aquello que miramos.

MAESTRO: ¡Excelente! ¿No es brillante que San Agustín en el año trecientos noventa y tantos antes de Cristo ya lo hubiera definido?

NEÓFITA: ¿Ya hubiera definido qué cosa?

MAESTRO: Mi querida, estás otra vez un poco distraída.

INICIADO: Es lo sagrado que está entre nosotros sin que lo veamos.

MAESTRO: O sí, lo vemos muy bien. Es más, lo miramos. Porque si no hablamos de tiempo, ¿qué es eso otro que funciona siempre en tiempo presente, con la visión, pero que a su vez y gracias a su concepto trabaja con la expectativa y con la memoria?

Neófita mira confundida. Iniciado mira asintiendo. Maestro sonríe mirando a los dos.


CONTINUARÁ EN EL PRÓXIMO NÚMERO…

* Todos los párrafos dichos por San Agustín son extractos de:  San Agustín, Libro Undécimo, Confesiones, (2008), Buenos Aires, Ediciones Libertador, Centro Editor de Cultura.