STAR 80, DE BOB FOSSE / Diego Ezequiel Ávalos

El show debe terminar

En la obra Doctor Fausto del escritor inglés Christopher Marlowe, Fausto interroga al demonio Mefistófeles sobre el infierno:

“Fausto: Primero te interrogaré acerca del infierno. Dime, ¿dónde queda el lugar que los hombres llaman infierno?
Mefistófeles: Debajo del cielo.

Fausto: Sí, pero ¿en qué lugar?

Mefistófeles: En las entrañas de estos elementos. Donde somos torturados y permaneceremos siempre. El infierno no tiene límites, ni queda circunscrito a un solo lugar, porque el infierno es aquí donde estamos y aquí donde es el infierno tenemos que permanecer…. Y, para terminar, cuando se disuelva el mundo, y todas las criaturas sean purificadas, todos los lugares que no sean el cielo serán el infierno”.

El infierno entendido como un lugar sin límites, una idea geográfica, un espacio proclive a ser recorrido en un recorrido que no tiene fin.

El novelista chileno José Donoso tomó esta idea del infierno como título para su nouvelle de 1966 El lugar sin límites. La historia sucede en un pueblo llamado El Olivo, y cuenta las miserias de unos pobladores sumidos en la pobreza y el deseo. En 1977 Arturo Ripstein hace la adaptación al cine con ayuda en el guión de Manuel Puig, quién no figuraría en los créditos para no quedar relacionado a una trama con temática homosexual. La nouvelle y el film convierten la idea del infierno geográfico en mera alegoría: un pueblo que quiere significar el atraso infinito de lo latinoamericano. Tanto Donoso como Ripstein y Puig citan de manera directa, a modo de prólogo, las palabras de Mefistófeles. Y una vez que tenemos la visión de los autores sobre lo que veremos a continuación, poco lugar queda para cualquier interpretación. El infierno más eficaz es el que se descubre.

Esta imagen de infierno como lugar triunfante sobre la tierra parece ser la idea que tuvo Bob Fosse a la hora de crear el concepto del que sería su último film, una historia tan oscura como perturbadora, una historia de posesión alrededor de un ángel caído. Esta es la historia de una estrella para los años ochenta.

Star 80 se basa en un artículo de Teresa Carpenter  que ganó el premio Pulitzer en el año 1981. El artículo, titulado Death of a Playmate, narra el caso real de Dorothy Stratten, una joven asesinada ferozmente por su novio, muerte que dejó trunca una carrera iniciada en las páginas de Playboy y que parecía destinada al cielo de Hollywood.

Cielo e infierno como los temas finales en la filmografía de Fosse. Tengamos en cuenta que su film anterior, All that jazz, cuenta la historia de Joe Gideon, un coreógrafo, director de teatro y cine, que ante su inminente muerte empieza un sentido camino de redención. Fosse, que nunca es alegórico y todo su cine parece ser una lección cabal sobre cómo utilizar e invertir los recursos de los grandes alegoristas del cine, Fellini y Bergman por sobre todo, se las arregla para que al mismo tiempo podamos comprender que Gideon quizás esté en medio de un proceso psicológico, o quizás de una alucinación farmacológica, o simplemente en un tránsito fantástico. Al trabajar el símbolo nos deja abierta todas estas posibilidades a la vez, somos nosotros quienes debemos decidir.

Si nos centramos en la interpretación sobrenatural del hecho podemos señalar que Joe ha vivido rodeado de imágenes que parecen indicarle su camino de transformación  espiritual. Hablamos de ángeles, santos, canciones y frases que todo el tiempo le marcan su destino. Mencionemos el chiste con doble sentido en el film que está montando, donde el cómico protagonista pregunta:

“ -¿Sabes que es la muerte para un católico? Un ascenso.”

Sobre la relación entre el catolicismo y Bob Fosse ya ha escrito Ángel Faretta un célebre artículo de cuando pudo entrevistar al director en su visita a la Argentina.

En otro momento del film, Joe hace ensayar al coro de su nueva obra una canción llamada Airotica, canción pegadiza y con destino de éxito que dice en un momento:

“Estamos calentando los motores,

vuelen con nosotros,

desde New York hasta Los Ángeles”.

Este viaje no es tan solo de la escena de Broadway a la ciudad del cine. Es el salto que debe dar un hombre para efectuar su último ascenso.

Fosse ya nos había mostrado su idea de salvación, una a la que se accede solo mediante el perdón y el arrepentimiento. Para su último film nos muestra su contrapartida. Volamos junto a Dorothy desde su Canadá natal hasta Los Ángeles. Con ella y sus hombres nos denigraremos por siempre en un círculo eterno.

La primera imagen que vemos es una patente de auto con el emblema STAR 80. Esta patente no es tan solo el diseño de títulos del film, es el símbolo de la ambición de nuestro protagonista, porque Star 80 no es la historia de Dorothy Stratten, sino la de su asesino, Paul Snider, una excelente creación de Eric Roberts. Luego de la patente vemos una ruta en la noche, y en esta ruta una línea continua de autos que pasan en ambos sentidos. Este movimiento continuo, que parece no tener otro destino que su propia velocidad, es la clave de Star 80.

Paul Snider busca un auto, un Mercedes Benz que le demuestre al mundo cuanto él vale. Para llegar a este auto utiliza a los demás como vehículos, porque en Star 80 es regla que todos usen a los demás para alcanzar sus objetivos. El ascenso de Paul hasta este auto soñado se da mediante distintos automóviles que debe ir superando. Inicialmente es el auto de una exposición dentro del cual regentea a sus propias promotoras. Luego, en su primera cita con Dorothy, no puede evitar preguntarle si le gusta su auto, prometiéndole que un día ella tendrá un Mercedes (la ironía hacia el futuro es feroz). Cuando Dorothy da sus primeros pasos en el mundo de Playboy, Paul lleva a su pequeña cuñada Eillen a un parque de diversiones. Ambos van a los autos chocadores y, mientras juegan, Paul, de forma muy perturbadora por el acercamiento que tiene hacia la niña, le susurra al oído que tienen el mejor auto, tienen un Mercedes. Tiempo después Dorothy recibe por primera vez en Los Ángeles a Paul y va a buscarlo con una limousine negra propiedad de Playboy. A Dorothy el auto le parece demasiado ostentoso. Para Paul, ese tamaño que solo pretende señalar riqueza, es perfecto. Finalmente Dorotty comienza a ganar verdadero dinero una vez que empieza a trabajar en el cine. Paul, viendo su oportunidad, la manipula para que compre el tan ansiado Mercedes. El sueño se ha cumplido. Ahora llega el momento de la pesadilla.

Cuando Dorothy acepta que ya no ama a Paul, comienza a alejarse de él. Este alejamiento es un vacío, y bien se refleja esto en el garaje de la casa que ambos comparten. En ese garaje vacío un amigo de la pareja encuentra la silla para prácticas sexuales que construyera Paul, manera perfecta de presentar un objeto que luego entendemos como siniestro, ya que sobre él Paul violará a Dorothy después de matarla. Es gracias a esta casual aparición que Dorothy empieza a mirar a Paul con otros ojos, más decepcionados, más asustados. Cuando Paul ya se sienta totalmente abandonado, construirá en ese mismo garaje vacío una pequeña casa de madera. Esa construcción es el hogar que no pudo formar con Dorothy. Lo perturbador es que está construyendo no una casa normal, sino una para perros.

Dorothy inicia otra historia de amor el día que conoce en una fiesta de Playboy a Aram Nicholas, un importante director de cine que se deslumbra con ella cuando la ve participar de la nueva puesta en escena televisada de Hugh Hefner, el dueño de la revista. Dorothy, junto a otras modelos, patina en círculo en una pista, mientras varias cámaras capturan sus buenas líneas. Aram pronto se sienta atraído por Dorotty, invitándola a participar en su nuevo film. Al poco tiempo ambos se vuelven amantes y Dorothy abandonada a Paul, lo que desencadena la locura final de este.

En una de las secuencias más aterradoras de la autoconsciencia, Paul secuestra, tortura, asesina y viola a Dorothy. De fondo, como feroz contrapunto, escuchamos pasar por la ruta vecina veloces automóviles que se encuentran demasiado apurados como para saber qué sucede en el interior de las casas. Y de las personas.

¿Por qué esta insistencia de Fosse con los autos? Porque el auto representa dentro de nuestro film no solo el emblema de la prosperidad material, sino también del progreso como idea mental, de la velocidad como motivo, de la movilización total como un infierno sin límite. En un mundo que solo parece preocupado por el movimiento perpetuo y su falsa sensación de avance, Fosse demuestra que estos automóviles brindan una libertad que es pura ilusión y mera trampa

Esa ronda infinita que Dorothy efectúa en la fiesta de Playboy montada sobre las ruedas de sus patines, es la misma locura de una sociedad que cree estar avanzando sin comprender que solo da vueltas en el mismo lugar. Mientras tanto los poderosos, los que son siempre los otros, eligen la nueva carne para probar, eligen el mejor modelo, el nuevo objeto, desechando a los ya inútiles. El infierno no tiene límites y es un círculo de fuego condenatorio. Dorotthy gira sobre sí misma como víctima y objeto, Snider gira en su locura, Hefner en las nuevas chicas que vendrán a reemplazar a las viejas, Aram en una obsesión por una imagen fantasmal.

Porque Dorothy no fue solo víctima de un novio enfermo, sino también del dueño de una revista consumista y de un director de cine tan sensible y suave como manipulador. Este director cifra en clave a Peter Bogdanovich, director de They All Laughed, último film protagonizado por Dorotty Stratter. Fosse no solo critica a los ilusos que creen en las luces del espectáculo, sino también a quienes las crean, sea con fines carnales o más intelectuales. Así como demostró que las luces del espectáculo eran capaces de provocar una epifanía salvadora, también dice aquí que estas luces pueden crear condena.

El cine y su poder para evocar otros mundos en el nuestro. El cine y su poder para profetizar obsesiones y fantasmas. Como si de Vértigo o Doble de cuerpo se tratara, años después, un depresivo Bogdanovich que nunca logró olvidar a su amor perdido, se casa con la hermana menor de Dorothy, la misma que Snider llevaba de niña a los autos chocadores. La prensa del momento aseguraba que incluso llegó a pagarle una cirugía estética para que se pareciera más a su amor perdido.

Dorothy está enterrada en Los Ángeles. Bogdanovich fue quién puso el epitafio de su lápida. En ella se lee un famoso fragmento de Adiós a las armas de Ernest Hemingway:

“Cuando los individuos se enfrentan con el mundo con tanto valor, el mundo sólo los puede doblegar matándolos. Y, naturalmente, los mata… Mata indistintamente a los muy buenos, y a los muy dulces, y a los muy valientes. Si usted no se encuentra entre estos, puede estar seguro que también lo matará, pero en ese caso no lo hará con demasiada prisa”.

Fosse, que bien comprendía que la perfección es un círculo pero también que el infierno está construido bajo esa sagrada forma, convocó para interpretar a Dorothy a la nieta del mismo autor de las frases que custodian su tumba. Porque bien sabemos desde hace cientos de años que la única forma de retratar el infierno es atravesándolo.