INFIERNO ENTRE REJAS / Diego E. Ávalos

El libro The presence of Grace reúne artículos críticos que Flannery O´Connor escribió para un diario diocesano de Georgia. Sus lecturas son variadas: biografías, ensayos, ficciones, historia y teología, todo bajo la certera, fría y exacta visión de Flannery.

Entre sus páginas encontramos un artículo donde crítica dos novelas en apariencia muy distintas entre sí: un drama realista dentro de un convento y un thriller fantástico. Se trata de Sister Clare de Loretta Burrough y The Pyx de John Buell. Esta última novela es para nosotros muy especial. Sobre ella se realizó en 1973 una excelente adaptación al cine a cargo de Harvey Hart bajo el mismo título. Este film fue rescatado por el maestro Ángel Faretta en una retrospectiva que supo organizar para el Malba. A partir de esa presentación fueron varios los programadores, críticos e historiadores que prestaron atención a The Pyx. Pero, otra vez, Faretta la vio primero.

Rescatemos el texto de Faretta alrededor de esta película para su programación.

The Pyx (Canadá-1973), de Harvey Hart, c/Karen Black, Christopher Plummer, 103 minutos. Pyx en inglés es píxide, el nombre en latín para el cáliz de la misa católica. Por cierto esta obra maestra desconocida es, junto con La séptima víctima, el mejor film sobre satanismo jamás realizado. El exorcista -aclaro- no es sobre satanismo sino sobre el propio Satán, que es muy diferente. Hart, un canadiense de errática carrera tanto en su país como en los Estados Unidos, consigue aquí esta cima del fantástico católico. Desde luego que en una diégesis así sus héroes son los únicos posibles: los pecadores, los caídos, y no los fariseos domingueros oficiales. La imaginación católica al mango.

Presentemos ahora una traducción inédita del artículo de la autora sureña.

El Boletín, 16 de abril, 1960

Sister Clare posiblemente será admirada por aquellos que están cansados de esas novelas en las que unas monjas deciden que la vida de convento no es para ellas. La monja de esta novela no se pregunta por su vocación. Sus cuestiones se relacionan con trivialidades como lavar las escaleras del campanario y como el orgullo es señalado en varias ocasiones por sus superiores como un impedimento para la perfección Carmelita. La mayoría de las monjas en este libro no tienen  lenguas disfrutablemente ácidas y hablan con una piedad tímida que, desafortunadamente, puede ser auténtica. Lo que destaca de esta novela es la veracidad de la vida Carmelita, aunque no tenga una caracterización profunda de sus personajes. Cualquier novela que quiera hacer justicia a una vocación religiosa tendrá que ser muy profunda en la vida interior de su carácter principal, y esto quizás sea una imposibilidad en el caso de los místicos. El libro puede tener interés para las chicas de doce a veinte años que quieran saber cómo es la vida en un convento, el problema es que un mundo cercano a la perfección rara vez logra una buena ficción.

En el otro extremo está The pyx, que debería ser alejada de los niños de doce a veinte años, por más que sea una novela mejor escrita. Trata de un mundo casi completamente malvado en el que, sin embargo, se pueden encontrar mártires. La mártir en este caso es una prostituta quién, al ser forzada a participar en algo similar a un misa negra, traga la hostia que le habían dado para ser desacrizalida y por esto es lanzada por un balcón. El libro funciona como una novela de misterio pero es además una novela de misterio en el sentido de dejar al lector con un misterio aún mayor para meditar después que el misterio literal ha sido resuelto. El mal en esta novela es tan enrarecido como el bien en Sister Clare. Ambos libros siguen su propia lógica pero ninguno de los dos se sale con la suya.

Relacionamos esta última crítica a las dos novelas en una postura que la autora sostiene sobre las obras de los novelistas católicos. Leemos en su libro Misterios y Maneras:

“El novelista católico cree que el pecado destruye la libertad; el lector contemporáneo cree que es el modo de conseguirla. No hay muchas posibilidades de entendimiento entre ambos. Así que pienso que cuanto mayor sea el deseo del escritor de hacer que lo sobrenatural sea evidente, mayor deberá ser su habilidad para dotar de realidad al mundo natural, pues si los lectores no aceptan el mundo natural, es seguro que no aceptarán nada más”.

 

Flannery considera entonces que una buena novela de tema sobrenatural deberá, contrario al juicio común, profundizar en lo natural, ya que así logrará un mayor efecto espiritual no gracias a enrarecer su trama, sino al volverla tan cercana como realista. Será el lector quién irá comprendiendo el verdadero trasfondo que se oculta detrás de lo aparente, de lo meramente material.

Veamos entonces dos ejemplos donde gracias aún acercamiento realista a sucesos tan temibles como documentados, el talento literario puede hacernos visitar un espacio que no conoce de límite alguno.

La relación entre el infierno y el mundo de la prisión es dantesca. El gran poeta de Florencia organiza el inframundo como un espacio arquitectónico en descenso, donde cada nivel alberga sucesivamente a peores criminales y, por ende, a más cruentos castigos. Por supuesto que un lector contemporáneo a Dante comprendía en esta trama iniciática todo el entramado mítico-simbólico que la obra presenta. Es la modernidad y su separación de realidades –literarias, históricas, simbólicas- la que nos trae el problema como lectores de comprender como una misma obra puede a la vez significar distintos sentidos que nunca son contradictorios, sino complementarios. Dante no necesitaba distinguir entre la experiencia mística, poética e histórica  para que su lector comprendiera todos los alcances del texto. La experiencia de lo sagrado, de lo intelectual y de lo emotivo, era lo mismo. Un autor moderno sabe que se enfrenta a un lector educado en la fragmentación, un lector que le pide poesía a la poesía y datos a lo histórico. A la modernidad y su literalidad, mucho le cuesta ver más allá de la evidente. Por eso, y aún con buenas intenciones, muchos autores remarcan tanto la intención de la comprensión metafísica que terminan por alegorizar sus mismas ideas, confundiendo la sana interpretación con demagógica propaganda. Otro autores, por el contrario, prefieren saltar de buenas a primeras al mundo sobrenatural – John Carpenter– protegidos por el verosímil de un mundo donde el infierno ha sido librado sobre la tierra para actuar con tremenda libertad, tratando a lo sagrado en toda su violenta potestad.

¿Pero cómo trabajar el tema de lo sobrenatural cuando nuestras intenciones son más sutiles, más oblicuas, más acordes a las percepciones de lectores con poca tolerancia al otro mundo?

Mencionemos dos novelas que trabajan un mismo concepto de cárcel dantesca, es decir, prisiones de apabullante realidad donde con solo prestar suficiente atención podemos descubrir que sus muros están hechos con la misma sustancia del infierno.

El poder y la gloria es quizás la novela más famosa de Graham Greene, aunque no por eso la mejor. Localizada en México en plena Guerra Cristera, cuenta la historia de un cura sin nombre que resiste los ataques del gobierno masónico de Elias Calles, presidente que encabezó un gobierno abiertamente enemigo del culto católico. En una de sus muchas y desesperadas aventuras, el cura termina preso dentro de una miserable prisión, que más es un estado atormentado del alma.

“De pronto, a uno o dos metros de distancia, se oyó un grito ahogado; era una mujer. Una voz fatigada dijo:

—¿No pueden quedarse quietos?

Entre furtivos movimientos, volvieron a oírse los grititos apagados, sin dolor. Comprendió horrorizado que aun en medio de esas atestadas tinieblas el placer continuaba. Nuevamente movió un pie, y trató de abrirse paso, pulgada por pulgada, para alejarse de la reja. Detrás de las voces humanas, otro ruido persistía, permanente; era como un pequeño motor, una correa eléctrica que giraba con cierto ritmo. Llenaba los pocos silencios del lugar, más potente que la respiración humana. Era el zumbido de los mosquitos.

Ya se había alejado unos dos metros de la reja; sus ojos empezaron a distinguir algunas cabezas, que lo rodeaban como odres; tal vez el cielo se despejaba. Una voz dijo:

—¿Quién es usted?

No contestó, presa del pánico, alejándose cada vez más adentro; de pronto, se encontró con la pared del fondo; la piedra parecía húmeda al tacto; el calabozo no podía tener más de cuatro metros de profundidad. Descubrió que si mantenía los pies recogidos bajo el cuerpo, podía sentarse. Un viejo se acurrucaba contra su hombro; calculó que era un viejo por lo liviano de sus huesos, y el aleteo débil y desigual de su respiración. Era alguien muy próximo al nacimiento o a la muerte; y en semejante lugar, no podía ser una criatura”.

En 2010 William Peter Blatty, autor de El exorcista, publica Dimiter, thriller religioso con una trama de espías internacionales con intereses espirituales. Una continuación de los trabajos en el género ya realizados por el mismísimo Graham Greene.

Como en El poder y la gloria, en Dimiter un prisionero (que es un sacerdote encubierto) es llevado a un calabozo de torturas en Albania, uno de los estados más represivos contra cualquier idea religiosa, especialmente la católica. En otra celda, volvemos a comprender que la cruda realidad descripta en detalle pronto se convierte en algo más.

“La mañana del día siguiente, 20 de marzo, Vlora ordenó trasladar al prisionero a una celda estrecha y hacinada y, sin embargo, inconmensurable: un mar lúgubre y oscuro, infestado de gemidos y murmullos incesantes que se imponían misteriosamente al ruido de cuerpos inquietos tumbados en jergones de paja, a los llantos y lamentos por los felices tiempos pasados. En el techo, una bombilla pendía de un cable y bañaba la negrura en un vaho ambarino, en tanto a empujones y arañazos iba entrando comida por unas ranuras: fideos fríos de semilla de amapola y pan mohoso; de vez en cuando, un grifo contenía la respiración y supuraba agua. Con el prisionero, en la celda se contaban trece hombres y seis mujeres, pero a menudo venían los guardias y se llevaban a alguien a rastras y, así, el 22 de marzo sólo quedaban cinco, entre ellos, el prisionero y un sacerdote tuerto aparentemente chiflado que, por lo visto, se acordó de que era domingo”.

Tanto el cielo y el infierno pueden ser representados, lo mismo que los ángeles y los demonios, la gracia y el pecado. Son las imágenes diarias, los detalles de cada día, los saludos banales, las comidas dietéticas, las canciones de la radio, los ladridos a la madrugada, los señaladores quemados por cigarrillo y las cucharillas caídas detrás de los muebles, las verdaderas compuertas para la percepción del sueño y de la pesadilla. Detrás de nuestro mundo natural se esconden sombras y también se esconden luces. Solo se trata de mirar. La verdad de una mirada justa bien vale una vida entera.