LA MARY – PASION POR EL ERROR / Diego E. Avalos

Sostiene la escritora Flannery O´Connor que el artista debe llevar las maneras a sus límites, así lo psicológico, sociológico y económico no alcanzará para terminar de describir lo humano. Ese sería el camino que todo autor debe realizar para llegar a eso que Flannery llama Misterio.
El melodrama, que es el género de la pasión, no cancela la explicación social o patológica, sino que abre un campo distinto de comprensión, aquel en que las palabras dejan de tener un último sentido y dan lugar al reino de las sombras.
La Mary de Daniel Tinayre (1974) es un melodrama, el gran último melodrama del cine argentino en palabras del maestro Ángel Faretta, y como tal debe ser visto. La pregunta sería entonces: ¿la Mary mata por loca? ¿Por pobre? ¿Por criminal? ¿O, simplemente, porque tiene razón?
Esta última posibilidad, que propone un tipo nuevo de racionalidad donde lo sobrenatural existe (bienvenidos seamos al reino de lo fantástico) es sin lugar a dudas lo que mantiene a la película tan fascinante y compleja como años atrás, al momento de su estreno. Porque para lo clásico el paso del tiempo es mera eternidad.
La Mary no es una chica como cualquiera. Es pelirroja, el color de cabello que poseen las brujas, las mujeres especiales. Y como tal tiene poderes. Estos actúan en ella no solo cuando salva la vida de su padre mediante un sueño premonitorio (atención: para lograrlo debe ingerir frutos verdes, es decir, debe poner a su cuerpo en situación de muerte) sino también cuando se salva de un seguro aborto. La Mary quería vivir y está segura que por algo Dios ha decidido ayudarla. Todo lo que interfiera en su camino de vida será entonces un enemigo, porque en realidad está interviniendo en el plan divino.
Que La Mary tiene poderes no es solo cosa de ella: su familia, amigos y vecinos le ven la capacidad de adivinar el porvenir. Tanto es así que hasta le regalan una medalla que lo anuncia, la cual colgará siempre de su cuello. La Mary es al mismo tiempo catolicismo y superstición, por eso hasta para tomar la comunión lleva esa cadena que la proclama vidente. ¿Pero esto la resta cómo católica? Claro que no, mirar sino que de la fila de niños listos para tomar la comunión es la única que reza de manera apasionada, y tanto es así que le deben pedir que se mueva para poder seguir con el ritual.
La pregunta clave sería: La Mary ¿adivina por casualidad, como dice su cuñada, o realmente tiene la capacidad que ella y los demás creen? Para eso debemos tener en cuenta el fuera de campo. Y a su abuela. Cuando La Mary es chica le dice a su padre que ella sabe lo que harán con su abuela. Esa extraña situación pronto es cortada, el padre, muy conmocionado, la distrae y se la lleva afuera, donde juntos consiguen el reloj que el hombre tanto ansiaba. Pocas escenas después nos enteramos que la abuela ha muerto. ¿Qué es lo que estaba planeado para la abuela? ¿Cómo murió la mujer? ¿Fue internada? Cosa extraña para la época. Entonces, ¿fue “invitada a retirarse”? Quizás, los verdaderos asesinos, están en otro lado…
¿Quién es Don Evaristo, el padre de La Mary? Un hombre tierno y comprensivo, buen suegro, buen padre. También podemos agregar que es un optimista, riega sus plantas todos los días, esperando. ¿Qué es lo que espera? Que algo suceda, mientras aguanta de mala manera los desprecios de su esposa, como antes aguantaba los de su suegra. Sabemos desde el principio que Don Evaristo sabe arreglar aparatos eléctricos, por lo menos deja como nueva la radio de su querida hija. Muchas escenas después se queja de que en su casa nadie se cuide, mostrando que la plancha no tiene cinta aisladora y es un peligro constante para quién la toque. Doña Aurora, su esposa, tuvo hasta el momento muchas escenas con esa misma plancha. De casualidad no se quedó pegada y murió electrocutada. ¿O será que ser también pelirroja la salvó del peligro? ¿O será que Don Evaristo, esta vez, no tuvo tanta suerte y por eso espera y espera?
Si extendemos esta sombra posible sobre Don Evaristo podemos decir, para no pecar de injustos, que al menos tres padres más son, polémicamente, sospechosos de asesinato. Por un lado tenemos a Dios Padre, que entrega a su Hijo a que cumpla su destino: estar permanentemente colgado de la puesta en escena de la película. Por el otro a Raúl, el personaje de Alberto Argibay, quién por especular con la vida de su futuro hijo pierde también la su esposa. El otro asesino es un fantasma. Recordemos que el suegro que La Mary no llegó a conocer fue ferroviario. Los muertos están presentes, La Mary lo recuerda todo el tiempo en relación a su cuñada Sofía, y accionan sobre el mundo de los vivos. Cada vez que aparece un tren se anuncia un cambio mortal para los personajes: la llegada de La Mary al hogar de El Cholo, su novio, lo que a la larga traerá la desgracia. La muerte de Ariel pisado por una máquina locomotora. Y el humo ferroviario que cubrirá al Cholo luego de despedirse de su madre, para dirigirse hacia su muerte final, en uno de los mejores planos de toda la película, un plano que hace sentir esa tan deseada presencia del Misterio.
La Mary tiene razón: hay fuerzas que actúan, hay bandos, hay maldad y premoniciones. No está loca. Y por eso mismo, luego de tener una pesadilla sobre su futuro, le ruega al Cholo que no deje que la internen, posible futuro, fuera de campo, para un cónyuge asesino.
¿Por qué podemos decir que La Mary quizás sí tenga razón sobre sus premoniciones? Porque ella también se ha casado con un brujo: El Cholo, otro igual a ella. Recordemos que El Cholo le dice a la Mary que él la matará, a lo que ella le responde que lo hará si ella no lo hace antes. Recordemos que El Cholo se dice Tarzán, aquel que dominaba de manera especial a las bestias, mientras que a su esposa la llama leona. Recordemos que momentos antes de ser asesinado El Cholo se retuerce en sueños como si supiera que algo malo se acerca. Y recordemos finalmente que El Cholo al ver venir a su mujer por la alfombra de la iglesia, tiene una visión de ella cargando con un cuchillo en vez del ramo de flores, en perfecta simetría con la caminata que hará ella al final de la película, vestida con el mismo vestido de novia y dispuesta a asesinarlo. Ambos son brujos, ambos ven lo que irá a ocurrir, salvo que La Mary se adelantó por ese impulso de vida que tiene, esa seguridad de saberse elegida.
Pero entonces, ¿por qué su última premonición, la muerte de su cuñada, no se cumplió? Porque ese mismo es el sentido de la tragedia: mostrar el límite, aún el de los elegidos. La Mary perturba porque solo una vez no acierta en sus predicciones, y esa zona de interrogante es lo que mantiene viva la ambigüedad que todo relato fantástico necesita. También podemos decir que La Mary pierde sus poderes por haber caído en la tentación de la carne. La Mary, como el cura se lo dice de niña, ya estaba casada: casada con Jesús, casada con Dios. Para una mujer con destino de santa el haberse enamorado es un asunto trágico. Lo poderes se pierden porque el deseo y la carnalidad tiran hacia lo mundano, lo caído, el error.
La Mary estuvo enamorada con dos clases de amores que, al final, terminan por chocar. Eligió al hombre pero se decidió por Dios y su plan. Para algunos una asesina, una puta, una loca. Para nosotros, que vimos más que los demás, una mujer elegida para ser de sangre y pasión. La Mary.

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